El camino hacia lo esencial a través de la práctica Mindfulness

 

En este artículo nos adentraremos en el camino hacia lo esencial que señala la práctica Mindfulness. ¿Quieres dar los primeros pasos en este camino? Te acompañamos a través de este artículo.

La práctica Mindfulness dista mucho de ser una mera técnica. Su esencia, en realidad, conlleva el despliegue de unas nuevas “gafas de ver la vida” por las que nos entrenamos a atestiguar aquello que está sucediendo, justo en el momento en el que está sucediendo, sin juicio y con aceptación radical. Una mirada ésta que no implica una actitud de resignación, sino una forma de vivir por la que comprendemos que es inútil luchar contra lo que ya es, o fue, pues la resistencia es lo que precisamente nos genera un sufrimiento innecesario.

Posiblemente, el mayor de los retos en la vida de un ser humano es devenir autoconsciente. La autoconsciencia nos arraiga en la profundidad de nuestra identidad, desde donde brotan acciones en mayor coherencia con nuestro propósito de vida.

El cultivo de la atención plena y la presencia en la vida cotidiana a través de la práctica Mindfulness es, en realidad, el reto de vivir despiertos. A través de la plena atención profundizamos en la naturaleza de las cosas y comprendemos que, así como la vida es cambio permanente, nosotros también estamos en transformación constante.

Tal comprensión libera, pues nos permite ver con claridad que una vida libre de la tendencia a la dramatización y del sufrimiento no es una mera ilusión o un sueño imposible de realizar, sino una opción realista y a nuestro alcance.

El despliegue de la mirada interna, así como de un estado de mayor presencia en la vida, nos permite devenir conscientes de nuestros automatismos, al tiempo que nos vemos más libres de elegir respuestas y estrategias vitales que no necesariamente parten de los hábitos que hasta entonces nos han caracterizado.

En realidad, cuando nos damos cuenta de que no somos tan sólo la incesante corriente de pensamientos y emociones, sino el puro centro de percepción que atestigua toda esta sucesión cambiante de contenidos, vemos cómo disminuye drásticamente nuestro nivel de sufrimiento.

El despliegue de esta consciencia es lo que precisamente nos permite dar un salto y dejar atrás muchos de los bucles inconscientes en los que nos vemos inmersos.

Autogestión emocional saludable

De lo anterior, se deriva que la práctica de Mindfulness favorece el despliegue de una autogestión emocional óptima.

Como hemos visto, la propuesta de este entrenamiento para la vida cotidiana es bastante sencillo: se resume en vivir en el presente, soslayando los juicios que nuestra mente pensante elabora constantemente acerca de lo “bueno o malo de las cosas”, lo “terrible o fabuloso de esta circunstancia”, lo “bello o feo de tal persona”, etc.

Pero, como todo hábito, necesitamos perseverar para que el estado de plena atención se instaure como las mencionadas “nuevas gafas de ver la vida”.

La perseverancia trae ventura

I Ching

Mindfulness no comporta prácticas exóticas ni complejos rituales. El entrenamiento en sí es tan silencioso, que en realidad tan solo uno sabe que está haciendo un íntimo trabajo sobre su mente y su corazón.

Los progresos se manifiestan a través de una mayor presencia en la vida cotidiana, una postura corporal que refleja la serenidad y firmeza interna de quien está atento y presente en lo que sucede ahora, el afinamiento en la palabra y la acción, y el descenso del sufrimiento psicoemocional.

La meta es el camino

Confucio

A través de la práctica de la Atención Plena no tratamos de llegar a ningún lugar ni meta; consiste, sencillamente, en permitirnos estar y ser conscientes del lugar y momento en el que estamos.

Consiste, sencillamente, en Ser.

Es como si practicáramos, una y otra vez, el aunar nuestra energía vital en el aquí ahora, y así disponer de ella para lo que realmente nos demanda la vida.

Este es el momento y el lugar: en todo momento estamos llegando. No hay otra cosa que hacer más que observar con atención, presencia y amabilidad las experiencias que se van sucediendo, momento tras momento, en nuestra conciencia.

Se desarrolla así, a través de la vivencia directa, la íntima certeza de un nivel esencial de identidad desde donde se atestigua, neutral y compasivamente, lo que sucede “dentro” y “fuera” de nosotros.

 

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