Evidencia científica demuestra que, aparte de reducir el estrés, cultiva la inteligencia emocional.


Las prácticas de meditación generan cada vez más interés entre la población general y la comunidad científica.
 Hace algunas décadas no era tomada tan en serio, pero cada vez existe más evidencia sobre los beneficios de esta disciplina. Veamos de qué se trata.

Para algunos expertos, meditar implica enfocar atentamente el pensamiento en algo, es decir, lograr un estado de concentración profunda. La meditación es generalmente vinculada a la espiritualidad, pero también es empleada por áreas de la ciencia como la psicología y la psiquiatría, que incorporan elementos de la meditación al ‘mindfulness’, una técnica empleada en las psicoterapias de nueva generación y que se ha posicionado en el modelo médico occidental para el tratamiento de problemas físicos y psicológicos.

En mi experiencia como médico psiquiatra he podio evidenciar que la meditación es un excelente coadyuvante en el manejo del estrés, la ansiedad y la dependencia emocional, entre otras alteraciones psíquicas. Alguna vez, un paciente me decía: “Tuve ansiedad, ira, miedos, en especial por la muerte de mi hijo, pero la meditación me ha ayudado a mejorar mis problemas psicológicos”.

He tenido otros pacientes con diagnóstico de supresión del eje hipotálamo hipofisiario, un sistema localizado en el cerebrococuya función es regular los niveles hormonales del organismo. Luego de usar técnicas de meditación, las funciones hormonales de esos pacientes mejoraron ostensiblemente. Una de ellas logró incluso quedar embarazada luego de años de intentos fallidos.

Los orígenes

No hay consenso entre los historiadores acerca del origen de esta práctica. Algunos afirman que los primeros registros se sitúan en el Vedanta, una escuela de filosofía hindú que se remonta hacia el año 1.500 antes de Cristo. Diferentes arqueólogos han encontrado en la India figuras sentadas en la clásica postura de meditación (flor de loto), por lo que se cree que esta disciplina tiene al menos 5.000 años de antigüedad. 

Son relevantes los aportes taoístas en China, los aportes budistas en India y los ‘Yoga Sutras’ de Patanjali, relacionados con los ocho limbos del yoga. La ruta comercial de la seda resultó indispensable para la transmisión y difusión de la meditación budista y de las técnicas meditativas en general a otros países orientales, donde llegaron a influir incluso en religiones como el judaísmo. 

En realidad, no existen clasificaciones de la meditación. Lo que sí existen son diferentes enfoques o escuelas que corresponden a diferentes contextos, religiones o técnicas terapéuticas. En el budismo, por ejemplo, la meditación es esencial para erradicar el ‘dukkah’ o sufrimiento, para reconocer la naturaleza perfecta del aquí y lograr que nuestra mente esté en calma y en paz, distanciándonos de las emociones y los pensamientos perturbadores para así conseguir la felicidad. 

En el hinduismo se destacan las escuelas de yoga y el Vedanta, que aborda, de un lado, la meditación interna mediante la desconexión de los sentidos para adentrarse en el ser y, de otro, la meditación externa mediante la intermediación sensorial, para concentrarse y percibir los objetos del mundo externo. 

En el sufismo (del islam sunita), la meditación busca un mensaje de reflexión y liberación que termina en una mayor conciencia del mundo que nos rodea. Y expertos de la meditación trascendental señalan que esta práctica ayuda a asentarse en el estado más simple y poderoso de la conciencia, por encima de cualquier control mental o proceso de pensamiento. Entre sus técnicas se destaca la repetición de mantras (sonidos como sílabas, palabras, fonemas o grupos de palabras que, según algunas creencias, tienen poder psicológico y espiritual).

La evidencia científica ha demostrado que, aparte de reducir el estrés, la ansiedad y los síntomas de depresión, la meditación contribuye a cultivar la inteligencia emocional y la empatía. Además, ayuda en los procesos de memoria y concentración, es útil para alcanzar la paz interior, además de controlar los impulsos. Así mismo, conduce a un incremento de la autoconciencia y el autoconocimiento y regula las hormonas, el sueño y el sistema inmunológico. 

La meditación aporta al tratamiento y prevención de enfermedades físicas diversas derivadas del estrés y el dolor. Y, como si fuera poco, podría mejorar la calidad de vida en pacientes con artritis reumatoide, asma, diabetes e hipertensión arterial. 

En 1992, científicos de la Universidad de Wisconsin, Madison (EE. UU.), desarrollaron una investigación en colaboración con el Dalái Lama y otros monjes budistas. Los investigadores concluyeron que la meditación permite alcanzar niveles de conciencia inusuales debido a la creación de conexiones neuronales inexistentes en aquellas personas que no practican esta disciplina. 

Por su parte, investigadores de la Universidad de California también encontraron que quienes meditan tienen más materia gris en el cerebro y más conexiones de lo normal en ese órgano. 

En síntesis, la ciencia demuestra que esta milenaria y trascendental práctica conduce a una mejoría notable en la calidad de vida de quienes la practican.

¿Sabía que…?

Al analizar la actividad cerebral durante la meditación mediante un electroencefalograma, se puede apreciar que en la meditación avanzada se registran ondas cerebrales asociadas a relajación profunda.

Entre las celebridades que defienden y se han beneficiado de la meditación se encuentran los Beatles, que se erigieron como las primeras estrellas en adoptar esta disciplina.

El actor Richard Gere se levanta temprano a meditar.

Otros famosos que practican la meditación son la presentadora de televisión Oprah Winfrey, el empresario y filántropo estadounidense Warren Buffett y la actriz española Penélope Cruz.

CARLOS ANDRÉS LONDOÑO
Médico psiquiatra

Noticia extraída de: EL TIEMPO