La consciencia de finitud en el ser humano 

 

Tan sólo los seres humanos, como criaturas autoconscientes que somos, tenemos la capacidad de darnos cuenta de nuestra finitud, sabiendo que un día moriremos. Ningún otro ser vivo tiene consciencia de que, así como ha nacido, un día su cuerpo morirá. A pesar de que la muerte es un tema que más bien se tiende a soslayar, en no pocas ocasiones aparece en nuestra consciencia. En tales instantes se cierne sobre nosotros la sombra de la inevitabilidad; pero no tardamos en volver al ritmo del quehacer diario, a la historia personal que, cual película, nos embelesa e hipnotiza, y a nuestras múltiples estrategias evasivas… Y de nuevo la muerte queda muy lejos, tan lejos que casi se diluye hasta su próxima aparición.  

Quizás su próxima aparición se dé a través de una inesperada noticia:  

“¿Sabes que anoche murió Fulanito?” 

Tal noticia trae de nuevo a nuestra consciencia la propia finitud.  

Conocemos la determinante llegada de este “punto y final”, pero aún y así casi siempre nos sorprende.  

La reacción más habitual ante la muerte de una persona cercana es la incredulidad, como si ello no pudiera ser posible; el impacto que produce confronta con nuestra propia vida, así como con nuestra muerte.  

Pareciera que quisiéramos borrar de nuestra consciencia lo que sabemos que, tarde o temprano, nos tocará vivir; y tal vez por ello tratamos de “tapar” lo más rápidamente posible los pensamientos acerca de la muerte.  

Pero más allá de que pensemos más o menos a menudo en ella, en lo más hondo de nosotros sabemos que el río de la vida fluye siempre hacia delante, hasta desembocar en el infinito océano y fundirse en él. 

Ni el miedo a la muerte ni la evasión son los mejores compañeros para el viaje de la vida.  

El miedo paraliza y hace que los “pendientes” se vayan acumulando en nuestra particular mochila. La evasión, por su parte, nos aleja del gran aprendizaje que tarde o temprano pica a nuestra puerta, y es el de “saber soltar”.  

En este sentido, los sabios de todos los tiempos han intuido que el hecho de afrontar la muerte en lugar de soslayarla, nos lleva a vivir una vida con sentido.  

 

“He hecho mi vida, he viajado, he visto el mundo y sus guerras; he amado, he tenido  

una familia. No me queda nada por hacer en este mundo que me interese. Lo único 

que me interesa es saber qué sucede en su devenir…

En realidad, la muerte es lo único nuevo que me queda por vivir.”

Tiziano Terzani

 


Extracto del temario Acompañamiento en procesos de duelo y muerte 

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Acompañamiento en Procesos de Duelo y Muerte