MINDFULNESS EN EL ÁMBITO EDUCATIVO

“7 principios de la Educación Mindfulness Transpersonal”

1. ARTÍCULO:

  1. Educamos por lo que somos, aprendemos por lo que vivimos

Educar es mucho más que instruir, va más allá de transmitir información acumulada en nuestra memoria. El educador se reeduca mientras descubre una realidad más amplia a través de los ojos del educando. Además del conocimiento académico, en la labor educativa consciente se tiene en cuenta que la vida en sí es el escenario de aprendizaje.

  1. Mantenemos un profundo estado de presencia.

En la labor educativa, como en la vida, es muy habitual “abandonar” el instante presente con preocupaciones y pensamientos que nos llevan del pasado al futuro, generando frustración, ansiedad y estrés. Desde ese lugar, juzgamos y prejuzgamos muchas veces las actitudes de nuestros educandos (hijos, alumnos), incluso de nuestros compañeros de camino. El estado de presencia nos permite atravesar nuestra visión parcial o borrosa de la realidad, para responsabilizarnos de nuestra respuesta y ver al otro desde una mirada amplia.

  1. No tenemos que aparentar ser perfectos, basta con ser conscientes

La educación mindfulness invita a un camino en el que podamos aceptar que es imposible tener resueltas todas nuestras incoherencias para educar: nos reconocemos en un camino de reeducación y mejora continua. Ser adultos abiertos a sanar las heridas provenientes de nuestra educación recibida, nos permite ser andamios a los que los educandos se permitan también agarrarse para crecer en coherencia.

  1. Practicamos la escucha atenta, el respeto y la actitud amable

Un educador mindfulness trabaja para soltar resistencias, invirtiendo en su propia felicidad, tanto en la vida como en el trabajo elegido. Desde este lugar, es desde donde puede brotar la escucha atenta, la amabilidad y el respeto.

  1. Sostenemos las emociones en lugar de reaccionar o reprimirlas

Para poder resolver los conflictos, en muchas ocasiones se tiende a racionalizar la emoción: “no tengas miedo, no es para tanto”, “no es normal que te enfades, no tienes razón para ello…” “Ya para de llorar…”. Desde este lugar, nos estamos entrenando en desconectarnos de las emociones y su utilidad. En realidad, dar espacio a la emoción es un paso esencial para una óptima resolución de conflictos.

  1. Reconocemos la individualidad del niño, aceptándolo tal y como es

A menudo se nos olvida, que no son piezas en bruto que podamos tallar para que lleguen a ser como nos gustaría. No hay nada que cambiar ni transformar en sus formas de ser. Nuestra labor es reconocerles tal y como son, aunque no todos los aspectos nos gusten. Y esto nada tiene que ver con dejar de poner límites o señalar ciertas conductas que requieren de reflexión. Estamos hablando de reconocer que todo ser, más allá de sus habilidades, competencias o capacidades, merece ser amado.

  1. Nos damos cuenta de nuestros juicios y los soltamos

La raíz de muchos de los conflictos que surgen entre educandos y educadores tiene que ver con que, como educadores, emitimos juicios que señalan su forma de estar en el mundo y comprenderlo. Con frecuencia, olvidamos la importancia de ponernos en sus zapatos y hacer un ejercicio de cómo es ver las cosas desde su nivel de conciencia. En lugar de entrar en lucha, nos preguntamos qué le lleva a responder así. ¿Qué hay detrás de mi reacción? ¿Qué se necesita en este momento?

2. CLAVES:

  • Educamos por lo que somos, aprendemos por lo que vivimos
  • Mantenemos un profundo estado de presencia.
  • No tenemos que aparentar ser perfectos, basta con ser conscientes
  • Practicamos la escucha atenta, el respeto y la actitud amable
  • Sostenemos las emociones en lugar de reaccionar o reprimirlas
  • Reconocemos la individualidad del niño, aceptándolo tal y como es
  • Nos damos cuenta de nuestros juicios y los soltamos

3. PROPUESTA ACCIÓN CONSCIENTE:

"Los juegos de mi barrio"

Los juegos tradicionales son los juegos propios de una región y se trasmiten de padres a hijos, de generación en generación, de forma espontánea.

No se encuentran escritos en un libro, ni sabemos quién los inventó, pero son una fuente de transmisión de conocimiento, tradiciones y cultura.

El día de hoy te proponemos hacer una lista de los juegos tradicionales de tu localidad, observa si recuerdas las reglas, dónde lo jugaban y cuál era tu favorito.

Observa las emociones y pensamientos que surgen mientras realizas esta lista, cómo se sienten estos recuerdos en tu cuerpo, ¿te animas a jugar alguno de estos juegos de nuevo?

Recordar estos juegos no es un grito de melancolía por el pasado que no vuelve, sino ampliar la mirada sobre nuestras raíces para comprender mejor el presente.

Ahora puedes preguntarte:

  • ¿Qué juegos y actividades me hacían perder la noción de tiempo durante la infancia?
  • ¿Cómo se relacionaban los adultos de mi entorno con el juego?
  • ¿Cuál es el interés personal que me motiva a conectar de nueva cuenta con mi inteligencia lúdica?
  • ¿De qué manera intuyo que el juego y las actividades lúdicas se pueden vincular con mi vida personal y profesional?

“El mundo lúdico es tan real e importante como el mundo del trabajo. Así que debemos concederle la misma dignidad”. Bruno Bettelheim.

 

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