Queremos acompañarte en tu próxima
"Aventura Terapia Transpersonal"

Con un mapa en 7 etapas de crecimiento para las próximas semanas

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"Las 4 claves de la ayuda consciente"

1.Desde dónde se ejerce la ayuda

Cuando el terapeuta se sitúa internamente en la fuerza del adulto, puede a su vez ver al cliente como la persona adulta que es y que, si bien en un momento dado enfrenta obstáculos, dispone de recursos para gestionar la vida. Si, por el contrario, el terapeuta se sitúa “por encima” de su cliente, con facilidad verá a éste como un niño/a desvalido/a, y tendrá la tentación de protegerle, procediendo a infantilizarlo y tratando de ocupar, de alguna forma, el lugar de padre o madre. Terapeuta y cliente son dos adultos, dos seres humanos que conocen de las grandezas y miserias de la vida, y ambos comparten un espacio de consciencia y crecimiento.

2. Podemos dar lo que tenemos, no lo que no tenemos

Cuando el terapeuta no es consciente de dónde se sitúa internamente frente al cliente, es posible que termine por dar más de lo que en realidad tiene. Este exceso puede derivar en fatiga de la compasión, (que más bien tendría que llamársele fatiga por falta de compasión…). Este es el segundo foco de atención para desplegar la ayuda consciente: cada persona puede dar a los demás lo que “tiene”, allí donde internamente ha llegado y no más de lo que es sensato y coherente con su papel. Esto parece obvio, pero en el contexto de la consulta terapéutica, en no pocas ocasiones se da un desequilibrio que aleja de la ayuda sana. Por ejemplo, cuando el terapeuta se siente “exigido” a dar toda clase de soluciones asumiendo un inapropiado papel. Se trata de situaciones en los que el terapeuta deja de ver al cliente adulto capaz y soslaya el buen hacer de “bucear juntos” en el espacio de comunicación y consciencia que representa la consulta.

3. Aceptar es un acto de amor

Ejercemos la ayuda consciente cuando somos capaces de aceptar internamente las circunstancias vitales de la persona ayudada. Esta aceptación es derivada de una íntima comprensión de lo que subyace. Por lo demás, es muy frecuente que si el terapeuta no ha observado  su sombra suficientemente, sienta el mismo rechazo que siente el cliente hacia aspectos de la propia vida con lo que puede darse parcialidad, opiniones y acentos desmedidos en supuestas soluciones. Sin la distancia ni el estado de presencia, propio de la neutralidad es difícil ejercer una ayuda sana que otorgue fuerza y dignidad al cliente.

4. El cultivo de la compasión y el darse cuenta

Cuando ponemos nuestra ayuda al servicio de los demás, en realidad se abre todo un mundo por explorar y “darse cuenta”. Terapeuta y cliente crecen en consciencia, lo cual significa que se dan más cuenta de lo que rechazan y tratan de negar…, lo cual conlleva una mejor integración y unificación psicológica Bien cierto es que una ayuda consciente no es directiva, sino más bien hermanada, amorosa y compasiva, y no sólo hacia la persona a la que se ayuda, sino también hacia nosotros mismos. En este sentido, la práctica sostenida de la meditación se convierte en un requisito de la ecuanimidad y la compasión cómo fuente de donde brota la capacidad de acompañar con serenidad y plena consciencia.

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Audio: "Conectado con los sentidos"

Te invitamos a que encuentres un lugar donde puedas situarte de forma cómoda, sabiendo que el hecho seguir en atención el audio y con tus ojos cerrados, te permitirá que el hilo de este ejercicio meditativo te aporte la experiencia que necesitas.
A través de esta meditación, indagaremos en uno de los mayores descubrimientos que podemos hacer como seres humanos: darnos cuenta de que “no somos la voz que habla en nuestra cabeza”. Poder observar esta voz y sub-voces internas, y observar qué  pensamientos circulan en ella, ya sean en forma de diálogo, autocrítica, temor…, nos lleva a evocar voces más compasivas y afinar la música de la actitud consciente. De esta manera, aprendemos a relacionarnos con nosotros mismos desde el cariño y el afecto; cuando así lo hacemos, también las relaciones de nuestra vida se convierten en más armoniosas y maduras.  

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"Las 5 características de las personas resilientes"

1. Adaptación al cambio

En japonés, la palabra “crisis” está formada por los caracteres Peligro + Oportunidad. La clave está en vivir la crisis como grandes oportunidades de transformación, es decir, ir “más allá”, sabiendo que en lo profundo del ser siempre hay quietud y calma. Confiar en que todo lo que sucede tiene sentido y cultivar la flexibilidad y capacidad de adaptación son características fundamentales para tomar la vida como es, y soltar las expectativas de cómo nos gustaría que fuera.

2. Autoconociemiento

Conocernos a nosotros mismos es otra de las claves. El camino del autoconocimiento no es sencillo ni está exento de obstáculos, mirar lo que hay de forma amable e inclusiva requiere de muchísimo valor. Debemos ser sumamente constantes, sabiendo que es un camino para toda la vida; cada “capa de cebolla” que se abre hacia dentro pone en nuestra mirada mayor sensibilidad, sencillez y esencialidad.

3. Aceptación como principio básico

Es muy importante comprender que la aceptación nada tiene que ver con resignarse, ya que no conlleva tibieza. El hecho de aceptar aquello que nos contrae e incomoda es el verdadero punto de partida. Aceptar las situaciones, las relaciones y las personas como son en este momento, sin dobleces, aceptando la responsabilidad de nuestros sentimientos y sin necesitar que cambien para que nosotros estemos bien, nos permite abrirnos al devenir sin expectativas, (aunque sí, con objetivos, propósito y, siempre lleno de posibilidades) . 

4. Mejora constante

Las personas resilientes poseen una decidida y rotunda visión de que uno puede mejorar de por vida, no importa la edad ni las circunstancias; existe un anhelo profundo en comunión con una certeza de que el mundo va a mejor, de que el trabajo en coherencia, sostenido por unos valores nobles, no cae es saco roto. La resiliencia se manifiesta también cuando nuestro anhelo se enraíza en la búsqueda de la verdad y la belleza como forma de vida consciente en el camino hacia el reconocimiento y vivencia de la dimensión transpersonal.  

5. Sentido de vida

Se trata de un sentimiento desde el que reconocemos el sentido profundo de la vida, más allá de lo que ven nuestros ojos a diario, más allá del mundo de las prisas, la razón y la tecnología. Cuando estamos abiertos, somos encontrados por el sentir profundo en íntima conexión con la “dimensión translógica” de la realidad mayor.

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Audio práctica: "La fortuna de estar en este mundo"

En esta ocasión conectamos con el agradecimiento, una energía poderosa que nos da fuerza y entusiasmo. Una condición necesaria para sentir gratitud, es valorar lo que el otro o la vida nos está dando a cada instante.  Detrás de la “realidad” relativa e inestable de la conciencia del yo subyace una conciencia atestiguadora e inclusiva que, como sujeto e identidad mayor, está más allá de la infinidad de papeles que representamos en nuestro día a día, de los roles que desempeñamos pero que no somos.

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Taller práctico: "Hacia un YO integrado y sano"

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"Habilidades de un Terapeuta Transpersonal"

  • El terapeuta Transpersonal es una persona que encuentra su propósito de vida en acompañar a otros seres humanos en sus momentos de crisis y de dolor y, además, en la voluntad de desplegar capacidades y encontrar el profundo significado de la vida. 
  • El don reside en el punto interno de confluencia entre las aptitudes naturales y la vocación personal. La persona que despliega su don, está disfrutando haciendo lo que le gusta y, con ello, se siente auténtica. Cuando esto sucede, nos vivimos plenamente enfocados en un estado de flujo donde convergen simultáneamente el sentido de identidad, los objetivos personales y el hondo goce de sentirnos útiles. 
  • Desde tales estados de consciencia vemos con claridad lo que tenemos que hacer en cada fase que experimentamos del proceso, desde la certeza de estar donde queremos estar y sumidos en una profunda sensación de sentido, que abarca todos y cada uno de los pasos dados a lo largo de nuestra biografía. 
  • Descubrir nuestro don es un hito en la vida de cada ser humano que conlleva una poderosa transición: la de salir del centro dramático y endogámico del “yo” para ver florecer las propias potencialidades. De la misma forma que el niño, una vez nutrido de afecto y alimento, necesita salir al mundo para explorar, el ser humano adulto pasa de “mirar su propio ombligo” a vivir el impulso de ofrecer aquello que le ha nutrido internamente y que vale la pena ser compartido. 
  • Este tránsito deja atrás la etapa en la priorizábamos actividades sustentadas en pensamientos tales como: “esto tiene salida”, “lo que está bien visto”, “lo que me asegurará una vida digna” o “lo que es correcto”, es decir, premisas y mandatos que, en muchos casos, han anestesiado la verdad propia. Descubrir el propio don suponer atreverse a ir más allá́ de la natural necesidad de “encajar” o de cumplir bien el “papel” que se esperaba de nosotros. 
  • El hecho de reconocer nuestros dones y expresarlos, formará parte, tanto de la maduración del yo, como del reconocimiento de una realidad mayor que impregna y dinamiza nuestra dimensión afectiva y profesional. De esta forma, como acompañantes transpersonales, iremos encontrando, progresivamente, una “nota particular” a la hora de acompañar al otro en resonancia con nuestra verdad interna.

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VIDEO: “El latido de la quietud y el silencio”

Jose María Doria comparte su investigación reciente sobre el silencio como puerta a un espacio fértil y sanador, ese –no lugar– de inclusión y belleza que constituye nuestro ser: vacío fértil.

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