¿Y si pudiésemos pintar con estrellas fugaces? ¿Si de un cuenco roto floreciera un nuevo amanecer en nuestra historia, al ser reconstruido? ¿Si de un hilo de tinta brotara la melodía del latir infinito del universo?

Arte para expresar.

Arte para observar.

Arte para comprender.

Arte para trascender.

Decía el filósofo Hegel que “el arte es una forma particular bajo la cual el espíritu se manifiesta”. En este sentido, cuando una persona plasma su experiencia en una obra de arte, esta se torna en expresión universal.

Podemos afirmar que arte y ser humano han coexistido a través de los tiempos. Pero ¿qué fue antes? Tal vez, incluso, el arte.

Sucede que, condicionados por la cultura, los medios de comunicación y la sociedad en la que vivimos, hemos incorporado un sinfín de creencias limitantes que relaciona la práctica artística con una habilidad que pertenece a unos pocos afortunados.

¡Y resulta que nuestros ancestros más arcaicos usaban el arte como vehículo para expresar su mundo!

¿No podríamos, entonces, decir que la tarea artística nos corresponde por el simple hecho de pertenecer a la especie humana?

Desde la mirada transpersonal, el arte es todo: es un mandala, es un poema, es la vida misma… Y tú también eres arte.

Existen ya multitud de estudios que señalan los beneficios terapéuticos del arte, ya sea de la pintura, la escritura, la música… Varias corrientes terapéuticas han desarrollado sus propias formas de acompañamiento a través del arte.

La Terapia Transpersonal con el Arte  es un salto hacia el interior, un puente amable y profundo hacia la autoconsciencia.

Gracias al abordaje desde la meditación, cualquier tarea artística es acometida desde la presencia y nos permite hacer espacio para observar y acoger toda la paleta de colores de nuestro mundo interno.

El Arte Transpersonal es un lenguaje lleno de silencio, pues representa una vía de conexión con lo profundo. Y es que, cuando se precisa silencio para relacionarse con una determinada realidad, es porque aquello ha de ser expresado y visto de forma integral, sin perderse en detalles superficiales y fragmentados. Y esto tiene un alto valor terapéutico.

El arte transpersonal no entiende de “feo o bello”, no entiende de etiquetas. Cualquier creación es y punto. Toda obra de arte creada y observada en contemplación tiene sabor a verdad esencial. No hay observador deshonesto.

El arte consciente representa la búsqueda y el reencuentro con lo esencial del ser.

Quien se expresa de forma consciente a través del arte, convierte las heridas y los errores en belleza. Conecta con su dimensión más trascendente. En este tipo de arte, creador y espectador se funden, no hay barreras. Es un acceso momentáneo a niveles elevados de conciencia.

Aunque todas las obras de arte representan una búsqueda, en el mundo del arte hay quien espera ser reconocido por los demás a través de su obra. El éxito, el impacto social, la valoración externa… La pregunta es:

¿El arte es solo eso?

¿Qué nos estamos perdiendo?

¿Qué gobierna nuestra necesidad de crear?

¿Quién puede juzgar si somos o no artistas?

 

El arte consciente apunta hacia adentro y nos eleva hacia el cielo. El otro tipo de arte habita en la superficie, donde reinan los impulsos egoicos, que se retroalimentan en un bucle infinito, donde otros tienen la potestad de decirnos lo que vale y lo que no, lo que es feo o lo que es bonito, incluso, lo que es arte y lo que no.

En el arte desde la mirada transpersonal coexisten los opuestos y se abren puertas hacia la sanación profunda.

La Belleza, como valor universal, se hace presente a través de todo el proceso, tanto de quien crea, como de quien observa.

El arte cotidiano encierra la obra en algo externo, en un canon preestablecido. Sin embargo, quien se adentra en el arte consciente se da cuenta de que todo cuanto acontece en la vida es, en sí, una magistral obra de arte. Incluso sus crisis más dolorosas.

Tal vez, tengamos dos opciones: seguir adormecidos en un mundo en blanco y negro, limitado, en el que nada nos es suficiente… O aprender a ver la vida como un gran lienzo en blanco, donde con nuestras manos y nuestra voz podamos subirle el color y el volumen a la existencia, para darnos cuenta de que somos parte de un océano infinito de conciencia que a todos nos mece y nos sostiene.

¿Qué opción eliges tú?

Terapia con el Arte

Escrito por:

Lara Alonso

 

Tutora EDTe

Equipo Pedagógico