En este artículo abordaremos algunas de las claves del amor y la plenitud en la pareja desde la perspectiva sistémica. En todo sistema humano operan ciertas leyes u órdenes que, cuando son reconocidos y nos hacemos conscientes de ellos, de pronto nuestra vida hace un «click» por el que se recolocan muchos de los conflictos que enfrentamos en las relaciones. 

 

Tú y yo somos adultos; tú y yo somos iguales 

La relación de pareja es una relación entre iguales, a diferencia de la relación entre padres e hijos, que está basada en la desigualdad. En este último caso, los padres son «los grandes» por haber llegado antes, y los hijos son «los pequeños» por haber nacido posteriormente. En las relaciones de pareja, lo sano es relacionarse de «igual a igual». 

Vemos, en este caso, que el equilibrio en la relación entre padres e hijos se mantiene, paradójicamente, gracias a la desigualdadEn la relación de pareja, sin embargo, la relación precisa de un equilibrio entre lo que uno pone en juego, por una parte, y lo que recibe del otro, por la otra.  

Cuando en la relación de pareja se mantiene el equilibrio entre «el dar y el tomar», la relación funciona. Ahora bien, si uno da mucho y el otro da poco o se niega a tomar, el equilibrio se rompe y se pone en peligro la continuidad de la relación, o al menos el buen convivir.  

Muchas veces podemos ver cómo uno de los miembros de la pareja da, sin esperar que el otro dé nada a cambio. En estos casos, no es extraño que aquel que no dio nada o dio poco a la relación de pareja, termine la relación o haga algo para que romperla. 

Esto sucede porque la deuda generada es tan grande, que es prácticamente imposible volver a un lugar de “igualdad”.  

Por lo tanto, la solución sería dar en la misma medida en la que el otro pueda tomar, y viceversa. 

 

Respeto tu pasado, respeto a tus anteriores parejas 

En el caso de segundas parejas o segundos matrimonios, la relación fluye en amor y sin mayor conflicto cuando cada uno de los cónyuges respeta al compañero anterior.  

Donde no se da este respeto, es decir, donde la mujer o el marido anteriores son despreciados o excluidos, las consecuencias pueden afectar tanto a la pareja actual como sus hijos, en caso de que los hayan tenido 

Despreciar a las anteriores parejas es, en el fondo, una forma de rechazar a nuestra pareja. Con el rechazo a algo o a alguien que ha formado parte de su vida, le estamos de alguna forma diciendo: «te quiero, pero sin esta parte de tu vida».  

Sobra decir que uno no puede borrar ningún episodio ni a ninguna persona de su vida. Las parejas anteriores merecen que se les mire con respeto, dado que durante algún tiempo amaron a quien nosotros amamos actualmente. Y ello ha contribuido a que nuestra pareja sea como es. 

 

El amor de pareja es anterior a la llegada de los hijos 

Otra clave importante a tener en cuenta es que, cuando dos personas forman una pareja y tienen hijos, siguen siendo, en primer lugar, pareja. El amor de los padres para con sus hijos se nutre de la relación de pareja.  

Esto, que parece tan obvio, es algo que a menudo olvidan los padres con la llegada de los hijos. Es normal que durante un tiempo el recién nacido se lleve toda la atención; pero es importante que la pareja no deje de mirarse: si no cultivan su relación y nutren el amor de pareja, inconscientemente pedirán al hijo que supla las carencias acumuladas.  

 

, te tomo con todo 

Como se suele decir, «cada uno es hijo o hija de su padre y de su madre». Esta expresión popular hace referencia a que cada uno de nosotros se ha criado en una familia particular, con dificultades particulares. 

Cuando los componentes de una pareja se encuentran con sus diferencias y particularidades están frente a un gran desafío: aceptar y aprender a amar lo diferente 

Si cada uno toma al otro tal cual es, exactamente tal cual es, entonces la relación de pareja se convierte en una oportunidad de crecimiento y goce compartido. 

Tomar a nuestra pareja «con todo» es un acto profundo de asentimiento a todo lo que le ha conformado: su pasado, su familia, sus raíces, sus anteriores parejas, sus aciertos y sus errores, etc. 

Decir «sí» a lo que nos cuesta aceptar es, en realidad, un profundo acto de amor y de aceptación del otro. 

Con este «Sí» sucede un milagro: el «otro» deja de ser un alguien ajeno, para convertirse en alguien cercano y conocido y, por tanto, más amado.  

 

« vas antes que mis padres» 

Cuando creamos un nuevo sistema, ya sea con nuestra pareja, o bien con pareja e hijos, este último tiene prioridad sobre nuestra familia de origen. 

Sucede muchas veces que algún miembro de la pareja sigue mirando a su sistema de origen, sin lograr «soltarlo«. Esto le resta fuerza al nuevo sistema que está formando. 

Ante la tesitura de tener escoger, por ejemplo, «entre mi madre/padre y mi mujer» (o «entre mi madre/padre y mi marido», en realidad da lo mismo), quien escoge a la primera, posiblemente se enfrentará con un gran conflicto en la pareja.  

En realidad, cuando conformamos nuestro propio sistema, la vida nos empuja a completar nuestra individalización y, con ello, a avanzar en la maduración. Este proceso es largo e incluso doloroso, pues implica cortar el «cordón umbilical» que nos mantiene todavía en la consciencia infantil.  

Anteponer a la pareja no significa rechazar a nuestros progenitores; implica sabernos adultos y ocupar plenamente este papel para con nuestra pareja. 

 

Extracto del temario de Terapia Sistémica Transpersonal 

 

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