Dejar ir el pasado en las relaciones de pareja

 

Para vivir conscientemente nuestro presente debemos dejar atrás el pasado. Sabemos que todo es cambio, que todo se mueve constantemente y que los cambios nos abren a una nueva fase de vida y crecimiento. El modo en abordamos los cambios y nos despedimos de relaciones que ya no funcionan marcan el camino para el modo en el que viviremos la siguiente relación.

Para dejar atrás de forma consciente nuestras relaciones del pasado, hemos de lograr integrarlas en nosotros y observar si todavía queda algo por perdonar. Perdonar lo vivido y perdonar también actitudes que hayamos tenido con esa persona que ha formado y forma parte de nuestra vida.

Perdonar es un acto de intención, es una decisión y nos ayuda a restaura la vitalidad de nuestra vida.

Si todavía sentimos algún dolor cuando recordamos alguna de nuestras parejas del pasado es que quizás todavía hay algo que aprender a perdonar. El antídoto para este dolor o para este posible resentimiento es la aceptación. Lo más importante es aceptar la responsabilidad que hemos tenido en esa relación, así como en su final. También es muy importante observar las ganancias que tuvimos durante ese episodio de nuestra vida.

De esta forma no nos colocaremos en el papel de víctima y reconocemos nuestro poder. Se trata de no apegarnos a nuestras historias del pasado, a nuestras quejas o a nuestro dolor, puesto que de esta forma creamos apego e identificación con nuestros problemas y no nos permitimos vivir el presente.

Para poder experimentar amor necesitamos dejar ir todo lo que no es amor de nuestra vida, sólo entonces nos abrimos a la posibilidad de relacionarnos con nuestra pareja actual o futura de una manera profunda, fácil y sin esfuerzo. Pero si seguimos invirtiendo nuestra energía en el pasado, en los resentimientos, en el miedo o en el enfado, no dejaremos espacio para el amor en nuestra nueva relación.

Érase una vez un hermoso reino que tenía un gran castillo rodeado de bosques frondosos. El rey recibió de regalo dos halcones. Pasaron los días, las semanas y mientras uno de los halcones volaba libremente, el otro se aferraba a la rama de un árbol sin emprender el vuelo. El rey preocupado hizo traer a los mejores veterinarios, chamanes y expertos, pero nada funcionaba y el halcón no volaba. Finalmente, el rey desesperado ofreció una recompensa a aquel que lograse hacer volar a su halcón. Un humilde campesino lo logró… ¿cómo lo hizo? Simplemente cortó la rama en la que se encontraba el halcón. Al no tener a qué aferrarse el halcón se vio obligado a volar.

La rama del árbol es el lugar seguro al que nos aferramos, ese lugar que nos limita, pero que, por miedo a lo desconocido, preferimos quedarnos en esa rama renunciando a volar. Observa que relación de pareja de tu vida llegó un momento en el que, el permanecer en ella te impedía volar.

 

Terapia Transpersonal de Pareja

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