El desarrollo transpersonal como ruta al corazón humano 

 

Cuando una persona está atravesando problemas psicoemocionales, puede acudir al psicólogo; cuando lo que enfrenta son problemas clínicos que requieren de medicación, o incluso sospecha que podría tratarse de un trastorno psíquico, puede acudir al psiquiatra.

Al tener dolencias físicas, es al médico con quien pide consulta… Si la persona se vive en una búsqueda existencial y con el anhelo de vivir desde un sentido más amplio y profundo, entonces lo más recomendable será que busque a un terapeuta transpersonal.  

El terapeuta transpersonal se define a menudo, y de forma metafórica, como acompañante del alma. Éste/a desarrolla el bello oficio de acompañar a otros a lo profundo del corazón humano. 

El bello oficio de acompañar a un ser humano en su proceso de búsqueda y desarrollo parece un oficio hermoso. Ahora bien, puede que te preguntes: “¿Seré capaz?… ¡Siento que me falta mucho todavía para poder acompañar a otras personas!… Soy tan consciente de mis limitaciones y desequilibrios, sé que son tantas las áreas de mi vida que aún están pendientes de un trabajo serio, que… ¿Cómo voy a ayudar a otros si en realidad yo no estoy preparado/a?. 

También puede que pienses: “Mientras no sea más maduro, más lúcido… ¿Cómo voy a hablar a otros de caminos de mejora y desarrollo?…”  

Es lógico, y hasta sensato, que nos planteemos esto y que nos parezca que nunca estaremos lo suficientemente preparados.  

Este tipo de cuestionamiento interno tiene, por lo menos, una ventaja: es un buen antídoto contra la fantasía de omnipotencia con la que tan a menudo revestimos la figura del terapeuta o acompañante a lo profundo del corazón humano. Desmonta, por tanto, desde la base la pretensión de ser “el sabio que tiene solución para todo”.  

Pero si dejamos que estos pensamientos limitadores cobren demasiada fuerza, nunca nos consideraremos lo suficientemente preparados para acompañar a otros. Dará igual lo que progresemos en nuestro autoconocimiento y transformación… Nos seguiremos sintiendo poco preparados.  

De hecho, se puede decir que la actitud más sabia y humilde es la de saber que, cuanto más progresamos, más conscientes somos de lo que aún nos queda por recorrer.  

En realidad, el proceso de transformación en el otro no depende tanto de nuestra “cualificación inmejorable” como acompañantes, sino más bien de nuestra capacidad y compromiso para ponernos al servicio de una Sabiduría mayor.  

Está claro que tenemos que tener una base de conocimientos sólida. Pero más importante aún será el que nos afinemos para estar en sintonía con la fuerza de la vida, que en último término es la que guía el proceso de cada persona.  

Quizás éste es uno de los puntos clave que diferencian a un acompañamiento transpersonal de otro tipo de acompañamientos terapéuticos. Y es que no se trata tanto de esperar a ser “perfectos”, como de no olvidar que, cuando acompañamos a otros, también estamos renovando nuestro propio compromiso de por vida con la autoindagación y el crecimiento. 


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