Cada ser humano es único y vive su duelo, por tanto, de una manera única. Sabemos, sin embargo, que durante el proceso de duelo tiende a aparecer una gama de emociones que todos, en mayor o medida, experimentamos: el miedo, la ira, el dolor, la tristeza, la culpa, la nostalgia…

El hecho de hacer consciente lo que se siente, identificarlo y reconocerlo, así como el darse licencia para sentirlo y expresarlo, es de gran ayuda y sostén.

Este reconocimiento y sostén de las emociones que surgen en cada momento o etapa es, de hecho, lo que permite ir atravesando el proceso de duelo, hasta que algo en nosotros poco a poco va aceptando la pérdida.

Este proceso no deja de ser, como se ha mencionado en ocasiones, un proceso por el que la oruga se convierte en mariposa: la pérdida de una persona o de un área importante de la vida conlleva la muerte de una parte del yo, y es por ello que sentimos un dolor tan intenso.

Tras el duelo, no seremos en realidad la misma persona: la oruga se habrá transformado en mariposa.

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Asociamos la palabra DUELO a la de muerte. No obstante hay duelos allá donde uno siente que hay pérdida que requiere un “soltar”. Desde una separación, a un despido de trabajo, a una mudanza que deja atrás la que ha sido nuestra viviendo durante tantos años, o los hijos que crecen y dejan el nido vacío…

Sin duda, el duelo más demoledor es por el fallecimiento de un ser querido. Supone un choque brutal en nuestras vidas que se asocia con el final absoluto e irreversible donde no cabe la esperanza.

Todo parece desmoronarse alrededor, se tiene la sensación de perder el sentido. En el doliente puede aparecer el sentimiento de que la vida carece de importancia

En realidad, es todo un desafío evolutivo alcanzar la ACEPTACION y encontrar un nuevo sentido a la VIDA.

Los grupos de apoyo al duelo contribuyen a agilizar ese proceso hacia la aceptación, invitan a reflexionar desde el corazón del SER, a mirar hacia dentro, a trascender las emociones y observar los pensamientos desde el Observador. Asimismo, invitan a desplegar una visión más amplia, trascendiendo los límites de las creencias.

Es así como nos damos cuenta que todo tiene un sentido más allá de lo aparente. El susurro del Ser nos guía hacia la pura conciencia y, si lo escuchamos, el dolor puede tornarse en lucidez. Desde esta lucidez podemos sintonizar con el propósito interno y el PARA QUÉ de la experiencia de pérdida.

Desde “ahí” se alcanza la comprensión profunda de que no hay distancia ni separación posible con la persona fallecida, porque el AMOR es infinito y atemporal.

La Escuela de Desarrollo Transpersonal en su anhelo de acompañar procesos de crisis y metamorfosis, y facilitar asimismo herramientas de acompañamiento en procesos de duelo y muerte, iniciará en octubre la 4ª edición de la formación especializada en:

 

 

acompañamiento en procesos duelo y muerte

 

Mayla J. Escalera

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Terapeuta Transpersonal. Terapia individual y grupal de DUELO.

Tutora y facilitadora en la Escuela de Desarrollo Transpersonal.