A todos nos pasa en ocasiones que no encontramos “el momento oportuno” para iniciar una tarea y puede que no se trate de un acto puntual, sino del hábito de evitar o posponer ciertos cometidos o proyectos que percibimos como desafiantes, peligrosos, difíciles o aburridos, es decir, estresantes. Incluso un “ataque” de perfección puede llevarnos a posponer con el argumento de encontrar más adelante nuestra mejor versión para afrontar: “no es mi momento”. Lo anterior puede llevarnos incluso a la paradójica situación de que aplacemos una actividad o formación precisamente dirigida a nuestro desarrollo…, a encontrar nuestra “mejor versión”.

“Tengo que sacar tiempo para ordenar papeles” … “Esta tarde le dedico un rato y lo acabo” … “Sí me pongo las pilas lo actualizo esta semana” … “La semana que viene empiezo la dieta” … “A primeros de mes me apunto al gimnasio” … “Con el nuevo año dejo de fumar” … “El próximo trimestre hago la matrícula” …

Seguramente nos reconozcamos en alguna de estas frases o en otras muy similares. En vez de ponernos manos a la obra encontramos infinitud de cosas diferentes que hacer, por lo general asuntos más o menos intrascendentes, que nos excusan inconscientemente de “hacer lo que tenemos que hacer”. 

 

“No preguntemos lo que esperamos de la vida, sino lo que la vida en cada momento espera de nosotros”. Viktor Frankl

Lo haremos mejor en otro momento

Siempre hay asuntos para los que encontramos mil excusas, pero algo nos dice que en algún momento debemos abordar. Cuanto más tiempo empleemos en hacerlo más “ruido interior” nos generan, engrosando nuestra particular lista de “tareas pendientes” que llega a tomar proporciones enormes, y entonces sí que pesa…

En el fondo, lo que hacemos es desviar nuestra atención hacia cuestiones más inmediatas, posponiendo lo importante para dedicarnos a cosas más fáciles o placenteras y nos decimos interiormente que “lo haremos mejor en otro momento”.

Esto tiene que ver con la autorregulación y a su vez con nuestra (des) atención: se trata de un modo de evadir que tiene un efecto distractor de emociones contractivas asociadas a ciertas tareas.

Ante el estrés asociado a ellas buscamos alternativas que nos distraigan y nos liberen, sin embargo, tarde o temprano nos encontramos frente a la situación inconclusa con más ansiedad aún por no haberla realizado.

Saber dónde me encuentro

La práctica meditativa y la autoindagación previenen las reacciones inconscientes de evitación y escape, y aumenta nuestra capacidad de permanecer en situaciones de estrés o emocionalmente difíciles sin sentirnos sobrepasados. Además, aceptar las cosas tal y como son, pero a la vez permanecer centrados para escucharnos y comprender “hacia dónde queremos ir”, permite ajustar mejor las acciones para conseguirlo, sin que dependa de lo placentero que pueda ser.

Al ser conscientes, podemos comprender dónde estamos en relación con los objetivos propuestos. Es lo que se llama “conciencia de la discrepancia”, es decir: Sé dónde estoy, hacia dónde voy y lo que me queda para alcanzar la meta.

El darnos cuenta de nuestras emociones sin juzgarlas, y la aceptación de sentimientos como la ansiedad o la frustración, hace innecesario que tengamos que utilizar la evasión para sentirnos mejor.

Saber dónde me encuentro en relación al objetivo es el primer paso para regular la conducta hacia su consecución.

“Con el depósito en reserva”

En la mayoría de los casos nuestra fatiga proviene en su mayor parte de la dispersión de nuestra energía: vivimos saltando apresuradamente de una actividad a otra, de una tarea a la siguiente, sin tomarnos el tiempo necesario para cerrar conscientemente lo que terminamos y disponernos de manera igualmente consciente al siguiente momento.

Con este grado de automatismo, gran parte de nuestra energía y atención quedan “atrapadas” en lo que terminamos de manera inconsciente, incluso en cometidos no alineados realmente con nuestro propósito vital. Así, nuestro “depósito energético” se va vaciando y llegamos al “estado de reserva” o al agotamiento total.

Mientras más nos alejamos de nuestro centro, mientras más nos evadimos de nuestra propia esencia, más tensión se genera y más buscamos engañados fuera, hasta que nos sentimos atrapados en un círculo vicioso del que no sabemos cómo salir.

Evitamos ser conscientes de lo que nos pasa buscando fuera, distrayéndonos y tratando de escapar de nuestra soledad o de nuestros propios miedos. No caemos en la cuenta de que la verdadera salida está dentro, de que sólo volviendo una mirada lúcida y compasiva hacia nuestro interior encontraremos la clave profunda para descifrar el origen de nuestra agitación o de nuestra infelicidad.

Conviene devenir consciente de la actitud que subyace tras nuestras palabras. Un enfoque de cooperación trae cooperación. Un enfoque de servicio a la vida, trae vida. Si observamos que la posición egoísta y negativa está muy anquilosada, indaguemos en nuestra mente y ensanchemos la consciencia. Si observamos nuestra mente, de manera ecuánime y sostenida, el cambio vendrá sin esfuerzo y por añadidura. En realidad, somos Luz, Observación. ¿Cuál es el bloqueo que afecta nuestra mente?, ¿antiguas huellas de dolor? Somos más que un archivo. Somos apertura.  José María Doria

La evolución de conciencia que comienza a emerger

Dicen los entendidos que la evolución biológica combina largos periodos de estabilidad con momentos puntuales de transformación radical. Investigaciones basadas en este planteamiento parecen constatar su equivalente en lo social y lo cultural: los cambios pueden ser lentos, pero también emergen fuerzas transformadoras y se dan cambios revolucionarios en poco tiempo.

Por todas partes y desde todas las ramas de la ciencia, se alzan voces convergentes que señalan el momento único de despertar en el que nos encontramos. Da igual su lenguaje, de dónde partan o cuál sea su cultura: Todas ponen de manifiesto la tremenda importancia de que la consciencia esté presente en cualquier ámbito de la vida, y se hacen eco de la voz de “lo nuevo que está naciendo” de manera imparable.

El reto es enterarte de dónde estás y de cómo estas, no estar pensando una cosa y haciendo otra a la vez, que es lo que nos sucede tan a menudo. Sólo cultivando la consciencia podemos vivir con conciencia, situados en un centro interior que otorgue sentido a lo que hacemos.

Ser consciente es tu naturaleza, es el camino a “tu mejor versión”, a tu crecimiento …Date la oportunidad de mirar en tu interior y preguntarte si para este proyecto hay un “momento oportuno”

Ahora es el momento de iniciar, nunca tendremos todo a favor. Precisamente es en momentos «clave» cuando uno aprende a “surfear”, aunque la mente ponga mil excusas (no tengo tiempo, no es mi momento…). Atender la vida con la mirada de un principiante nos ayuda a abordar cada experiencia como nueva, porque, de hecho, es nueva…

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