En los últimos tiempos estamos siendo testigos de un acercamiento generalizado a la práctica de la meditación, coincidente con una etapa de creciente interés por la conciencia espiritual o transpersonal del ser humano. Esta aproximación se ha visto beneficiada por el acceso al conocimiento de tradiciones y prácticas venidas de Oriente, que han facilitado la comprensión e integración de estas filosofías en nuestro mundo occidental.

La época tecnológica nos viene trayendo grandes logros y avances, pero nos despistó del camino interior. En los tiempos que estamos viviendo, parece que la situación externa mundial nos empuja inexorablemente a mirar hacia dentro, para descubrir que las claves de la felicidad, la satisfacción y la paz no están “ahí fuera”, sino mucho más cerca; en el centro mismo de nuestro corazón.

“Te advierto, quien quiera que fueres, ¡oh tú! que deseas sondear los arcanos de la naturaleza que, si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros”.

Oráculo de Delfos

Durante cientos de años las tradiciones espirituales realizaron mapas y esquemas en el terreno del autodescubrimiento y exploración interior. Ahora sabemos que tales mapas no son tanto una guía conceptual, como un camino atemporal de vivencia transmitida que transita los paisajes personales, los reconoce, los habita y los trasciende hacia la comprensión última de lo que realmente Somos.

El Ser que en el fondo somos nos espera desde siempre, nunca dejó de ser y manifestarse en lo más profundo de nuestra intimidad, y lo que los sabios y las tradiciones espirituales llevan milenios proponiéndonos con la meditación, es un proceso de desvelamiento de esa Realidad.

El Reino de Dios de los cristianos, la Tierra Pura del Buda de los budistas, el Trono de la Gloria de los judíos, la fusión con el Amado que canta el sufismo… son imágenes y alegorías que nos hablan del estado de no-separación, un estado de Reconocimiento natural a todos y cada uno de los seres humanos: una vivencia de lo que Es, de lo que buscamos sin haber nunca perdido, una comprensión íntima de nuestro verdadero Rostro.

 

Consultor en Mindfulness Transpersonal