En nosotras sigue existiendo esa niña sufriente

 

Cuando éramos niñas, muchas de las necesidades y carencias que tuvimos no pudieron ser satisfechas y gestionadas desde una madurez emocional suficiente. Estas vivencias dejaron heridas inconscientes que seguimos repitiendo en la edad adulta, especialmente si volvemos a estar expuestas a las mismas condiciones en las que se generaron.

Ante tempranos rechazos y negaciones por parte de nuestros mayores, e incluso ante la percepción de miedo e inestabilidad de éstos, puede que nuestras heridas se crearan a partir de interpretaciones propias como, por ejemplo: “Mis papás no me quieren”. Quizá la niña que fuimos se sintió, asimismo, avergonzada y con poco valor, interiorizando afirmaciones tales como: “Eres tonta” o “Tú no sabes nada, no puedes opinar”.

Este tipo de programas generan en nosotras una actitud evasiva para evitar el revivir la herida de la devaluación. En realidad, dentro de nosotras, aunque ya somos adultas, sigue existiendo esa niña demandante o sufriente.

Arrastramos miedo y culpa soterrada, culpa que tiene su origen en la idea de que hemos cometido un error y deberíamos haberlo hecho de otra manera, nos enjuiciamos y arrastramos con ello nuestra condena. El trascender el miedo y la culpa pasa por reconocer estos programas y por descubrir nuestra verdadera identidad.

Sabemos que nuestra responsabilidad se ejerce en el presente. Reconocer que hicimos lo mejor que pudimos nos desata de las cadenas de la culpa y nos permite abrazar nuestros errores, viéndolos como oportunidades de aprendizaje.

Desde la mujer madura y consciente que somos, así como desde la comprensión y la compasión, podemos ahora acoger a esa niña interior y reconocerla, al tiempo que le brindamos atención, protección, reconocimiento, cuidados y ternura.

El primer perdón comienza por perdonarnos a nosotras mismas. En realidad, somos en esencia totalmente inocentes. El hecho de aprender a relacionarnos con este aspecto infantil en el que reside la base de nuestra vulnerabilidad permitirá una mayor aceptación y valoración de nuestra persona en la vida.

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Facilitadora en Círculo de Mujeres

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