La Autoindagación y la Atención Consciente

Cuando existe un anhelo profundo por la paz y la dicha en nuestras vidas, uno de los caminos que podemos comenzar a recorrer en dirección a nuestro interior es el de la atención consciente. Se trata de aprender a atender a cada sensación que surge, a cada pensamiento que aparece, como pequeños indicadores de todo aquello que aún queda por integrar, aceptar y comprender en nosotros. A su vez, la atención consciente es como la puerta a un bello camino de autoindagación por el que reencontrarnos con nosotros mismos.

Este camino comienza por detectar cómo, cada vez que sentimos una activación emocional que nos contrae e intranquiliza, surge el deseo de eliminar esa sensación, de defendernos de ella. Tratamos de hacerlo bien sea buscando el tener razón y, por tanto, defendiendo nuestro autoconcepto, que sentimos amenazado, o bien juzgando y etiquetando en base a nuestras creencias aquella circunstancia o situación que acontece. De esta manera, nos separamos de ello creyendo que así nos protegemos.

No obstante, quizás habremos observado cómo aquello que no integramos, vuelve la vida a traérnoslo bajo otra forma, o quizás otra persona… Pero, al fin y al cabo, es la misma situación de fondo, de la que deberemos extraer la comprensión nuclear; es como una segunda oportunidad que se me muestra para que demos el paso y cambiemos la mirada, para que nos paremos a observar, crezcamos interiormente y aprendamos así de todo ello.

Por tanto, la emoción – la activación emocional contractiva – que se produce como respuesta a las situaciones de la vida o personas con las que nos encontramos, puede ser una magnífica vía o indicador de lo que tenemos “pendiente” de mirar y trabajar en nosotros mismos. Cambiamos así el foco orientado “hacia fuera – lo externo” y lo dirigimos “hacia dentro – lo interno”.

Todo aquello que nos remueve emocionalmente está dentro y, por tanto, es lo que tendremos que mirar con más atención. Ello nos ayudará a identificar los patrones inconscientes y aspectos que nos hemos negado a reconocer.

Lo que nos molesta de los demás, los juicios automáticos que se activan ante cada situación, el miedo ante determinadas situaciones, etc., a veces son muy sutiles, pero la mayor parte nos desestabilizan por completo y, cuando no ponemos consciencia, sucede que acumulamos resentimiento y malestar interno.

Al principio nos costará creer que este mecanismo de “proyección” opera así: nos dará rabia, nos negaremos a verlo o simplemente lo evitaremos. A veces nos cuesta reconocer que aquello que se nos muestra “afuera” está en nosotros, pero si nos atrevemos a experimentar y a observar, si aprendemos a aceptar lo que vamos viviendo y nos abrimos a comprender el mensaje que nos trae cada situación, nos alineamos con ese maestro interior que habita en todos y que anhela ser reconocido para mostrarnos el camino hacia el adulto consciente que somos.

El adulto consciente que somos tiene la capacidad de abrazar con compasión aquellos momentos dolorosos de nuestra vida, en lugar de evitarlos; tiene también la capacidad de brindarnos valiosas claves de “navegación” para el día a día, a la vez que nos procura la confianza necesaria para caminar hacia el propósito que late en lo profundo del corazón.

“Las plantas crecen hacia la luz, nosotros crecemos hacia nuestro destino”

J. Jahren

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