La versión científica de la Meditación y el Mindfulness

Existe una opinión generalizada sobre la práctica de Mindfulness y Meditación: contribuyen a la mejora de la salud, a alcanzar estados de calma y de mayor armonía con nosotros mismos y en nuestras relaciones, y todo ello sin tener que abandonar nuestra vida cotidiana.

Pero, además, hay efectos comprobados que resultan de este entrenamiento de la atención que favorecen la regulación del organismo:

  • aumento de la capacidad respiratoria,
  • desarrollo de la flexibilidad muscular,
  • regulación de la presión arterial,
  • activación del sistema inmunológico,
  • disminución de la secreción hormonal de cortisol (hormona del estrés),
  • mejoría de la calidad del sueño
  • y disminución del malestar psicológico (ansiedad, depresión, somatización).

Tras el repertorio de beneficios, resulta sorprendente que cueste dedicar un mínimo de tiempo a este desarrollo -sin más pretensiones-, sabiendo que empleamos no pocos recursos a toda una antología de “actividades extraescolares” con el frecuente propósito de “desconectar”.

“…con todo lo que tengo que hacer, voy a perder el tiempo meditando…”

El obstáculo fundamental que encontramos al iniciarnos en esta práctica es que se trata de un recurso al que no se nos ocurre acudir de modo natural, no es intuitivo, y requiere de una metodología, de un acompañamiento, de un mapa.

Además, este tipo de práctica suele generar resistencias, pese a que ya hay mucha investigación médica que aporta una base científica sobre sus efectos beneficiosos. Precisamente la prueba técnica tiene como efecto principal que diluye la barrera, lo desconocido comienza a revelarse de modo sorprendente, y de esa manera adquiere sentido el dedicarle tiempo.

 

El proceso de practicar la meditación nos hará conscientes de lo lejos y lo rápidamente que puede divagar nuestra mente, y distrayéndose de lo que supuestamente debería estar haciendo en un momento determinado. En una época de multitareas cerebrales, de calendarios de trabajo abrumadores y de millones de distracciones al alcance de la mano, solo esto debería bastar para que todos empezáramos a meditar.

Alan Brain

 

A menudo asociamos la meditación con el hecho de reflexionar sobre alguna cuestión, con visualizar, con relajarse o incluso con “dejar la mente en blanco”. En realidad, meditar consiste en aprender a entrenar la propia mente en el enfoque de la atención, como si se tratara de un “Gimnasio de la Atención Plena”. Este progresivo despliegue de la atención nos abre la puerta a un conocimiento más profundo de nosotros mismos y, lejos de parecer un ejercicio estéril o vano, se revela como un eficaz causante de profundos y beneficiosos efectos en el cerebro humano.

Por su parte, la práctica de Mindfulness Transpersonal favorece el desarrollo de un nivel óptimo de observación y atención en la vida. El espectro completo de este entrenamiento ancestral se basa encomprender cómo funciona la mente, en la práctica formal atencional y en su integración en situaciones y relaciones cotidianas.

Todos tenemos la capacidad de entrenarnos y profundizar en lo esencial, en aquello que se revela cuando el ruido mental se silencia un poco y adoptamos una perspectiva más amplia. Para iniciarse y profundizar, es más sencillo hacerlo junto a una persona capacitada, tanto por su formación como por su propia experiencia. Por otra parte, el hecho de entrenarse en grupo facilita la perseverancia en la práctica.

 

“Aquí entre las bombas, ¡que buen momento para meditar!”

Taisen Deshimaru

 

La versión poética de la Meditación y el Mindfulness

 Para los seres humanos la Luna ha sido siempre referente, misterio y causa de reflexión. También lo ha sido nuestra propia mente. Gracias a la combinación de sus movimientos de rotación y traslación, el satélite muestra solo una de sus caras a la Tierra. De la mente humana tampoco conocemos todo, también podemos decir de ella que tiene una “cara oculta”.

La cara que vemos de la Luna tiene un aspecto distinto al de su yang. Esa parte, apenas vista, carece de “mares”, debido a la falta de exposición a las radiaciones de la Tierra durante su periodo de enfriamiento. Y eso…, ¿es bueno o es malo?

Pues ni lo uno ni lo otro: Es lo que ES. Todo lo que somos tiene derecho a ser, y todo lo que ES tiene derecho a ser, por el sencillo motivo de que ya es. Reconocer, tolerar y aceptar de este modo requiere de un proceso, de un compromiso y también de madurez, no solo física sino también psicoemocional. Por una cuestión tan natural como evolutiva, la mente humana divide, distingue y clasifica… La mente también tiene derecho a ser.

La cara oculta de la Luna es el único lugar del sistema solar desde el que no se podría ver la Tierra. Por esta razón no está contaminada con el ruido de fondo de las señales que emitimos desde nuestro planeta. La Tierra es una emisora muy ruidosa, de modo que la cara oculta de la Luna resulta ser el lugar más silencioso de todo el sistema solar.

Imagina que te sometes a una prueba de suma importancia en la que debes resolver un enigma. Se trata de disipar un misterio que te llevará a conseguir claves absolutamente necesarias para tu bienestar. Para solucionar el secreto es imprescindible que mantengas la mente en un nivel de calma máximo, sin ruido alguno.

Así, te ofrecen la posibilidad de viajar al lugar que tu decidas, no importa lo lejos o escondido que esté… Al emplazamiento desde el que tú y tu mente podréis solucionar la incógnita, ese espacio silencioso en el que encontrarás el escenario ideal … ¿Qué lugar elegirías?

Una vez visualizada la situación, considera ahora que las claves que descubre el enigma son: vivir en el momento presente y abrirse a la experiencia con aceptación. Imagina, además, que la cara oculta de la Luna, ese lugar perfecto para la reflexión que podemos considerar inalcanzable, se encuentra exactamente en tu interior…

 

“El momento más oscuro de la noche de la vida, ocurre un instante antes de amanecer”

Vicente Ferrer

Vivimos en la ansiedad y en la preocupación; como poco, en un entorno de prisas, incertidumbre y ambigüedad. Esto nos lleva frecuentemente a situaciones límite y a la búsqueda de soluciones en la evasión o desahogando el malestar, pero estas “soluciones” no van a la raíz del problema ni descubren las claves del enigma.

Precisamente será adentrándonos en esa “cara oculta” –en la ansiedad, en la preocupación, en el miedo…– como podremos desvelar las claves para trasmutar tales estados emocionales en caminos directos a nuestro corazón, ese lugar en el que vivir en calma y con compasión es posible.

La calma, la paz y la libertad dependen de ti mismo, están en tu interior. Para alcanzarlas no tienes que convertirte en un personaje histórico, ni tienes que viajar hasta el lugar más silencioso del sistema solar. Si te lo propones, puedes generar aquí mismo un escenario idéntico al de la Luna sin tener que alcanzarlo. Además, en la Luna te encontrarías solo, y la vida no es solo un camino de búsqueda interior, contamos también con un entorno maravilloso al que “prestar atención”.

¿Deseas profundizar en esta temática?:

Consultor en Mindfulness Transpersonal

Introducción a la Meditación. Camino de la Conciencia

Instructor de Meditación

Escrito por:

Carlos Borrachero
Consultor Mindfulness Transpersonal
Tutor Mindfulness Empresas   EDTe