La escucha consciente es un acto de atención y generosidad hacia el otro. Es asimismo un acto de hospitalidad, pues a través de la escucha cedemos un espacio en la mente y en el corazón, y eso se parece al hecho de acoger a un huésped invisible y hacer un hueco en el que éste quepa.

*Extraído del Manual de la Escucha

–Proyecto Tescucho de la Fundación para el Desarrollo Transpersonal–

Escuchar es también una incursión en la interioridad del otro al tiempo que se trasgreden y amplían los propios límites. Quien escucha, apacigua su alma.

Para escuchar necesitamos neutralizar las interferencias interiores y exteriores que obstaculizan el encuentro con el otro. Y para ello tenemos que hacer el acto deliberado de escuchar.

En dicha escucha generamos un espacio en el que pueden manifestarse las emociones y revivirse los recuerdos, percibirse las intuiciones y abrirse paso a la libradora comprensión que en sí misma constituye el objetivo profundo del proceso de ayuda.

Como seres humanos, tenemos la necesidad primigenia de ser escuchados y, en este sentido, la escucha posee un gran poder terapéutico. Esto se manifiesta gracias a que la escucha profunda genera un espacio libre de juicios y pleno de aceptación, un espacio que permite al escuchado recorrer por sí mismo el camino interior de una ampliadora comprensión.

 

Escuchar es recibir incondicionalmente lo que la otra persona expresa; es, en este sentido…

Una expresión de amor” (Tara Brach)

 

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