La gran invocación, por José María Doria

buena voluntad mundial

Las siguientes estrofas forman parte de lo que, desde hace más de 100 años, se ha denominado La gran invocación.

Esta oración nació de la mano de Alice A. Bailey que, según sus propias palabras, fue canalizada por el maestro Djwhal Khul, “El Tibetano”.

A partir de entonces, ha sido traducida a más de 250 idiomas, y se recita en la luna llena de Tauro, evocando la buena voluntad mundial.

Millones de personas pasaron del modo oración, desde donde se pide a un “poder superior” deseos y anhelos para la propia persona, a un modelo evocativo de expansión hacia toda la Humanidad, cuya música de fondo es cocreadora y proactiva.

Se podría decir que las poderosas formas mentales que han venido emergiendo tras tantos años de perseverante repetición son la antesala de lo que tarde o temprano convierte la utopía en realidad.

Se recomienda, a quien la pronuncia, sentirla evocando en su ser todo el alcance que su poder creativo conlleva.

Algunas palabras de la Gran Invocación original han sido actualizadas por mí, y asumo la total responsabilidad de dicha acualización.

Desde el punto de luz en la mente de Dios,

que afluya la luz a las mentes de los hombres y mujeres del mundo.

Que la luz ilumine la tierra.

 

Desde el punto de amor del corazón de Dios,

que afluya amor a los corazones de los seres humanos.

Que la conciencia crística se manifieste en la tierra.

 

Desde el punto donde la voluntad de Dios es conocida,

que el propósito guíe las pequeñas voluntades de los seres humanos,

propósito que los seres despiertos intuyen, honran y sirven.

 

Desde el núcleo esencial de la humanidad,

que se realice el plan de amor y luz y se supere el sufrimiento, la ignorancia y la inconsciencia.

 

Que la luz y el poder curativo del amor realicen el plan en la tierra.

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