En el marketing de hoy utilizamos el “call to accion” (CTA) como vínculo entre un contenido inspirador que consume un potencial cliente y el paso a compartir datos para convertirse en consumidor de un producto o un contenido mayor. Este “botón de llamada a la acción” puede entenderse como una invitación a un comportamiento reactivo, inconsciente o manipulado. Pero quizá, a poco que indaguemos, encontraremos en esta interesante técnica un aprendizaje que nos ayude a salir de las encrucijadas que la vida antes o después nos propone.

Nos encontraremos con desagradables situaciones en las que las cosas no salen según los planes que establecimos. En la exigente sociedad de hoy solemos vivir lo anterior como un fracaso, ante el que nos encantaría poder “pulsar un botón” y que “todo volviera a ser como antes”, libre de problemas.

Pero sabemos que lo anterior no es posible y frecuentemente elegimos entre dos caminos. Nos instalamos en la infértil queja o “miramos a otro lado”. Ambas respuestas (reactivas) suponen “cargar la mochila” con un bulto más, y “pasamos de” una propuesta culturalmente menos conveniente por parecer doblemente frustrante: la aceptación.

La aceptación se traduce a menudo como resignación. Esta acepción pasiva del término nos lleva de cabeza al sufrimiento, ya que tras la resistencia a reconocer lo que es, late una exigencia de que las cosas sean distintas de lo que son. Aceptar el fluir de la vida, reconocer lo que hay en el presente como es, no como me gustaría que fuera no es resignación, sino no resistirse a lo que “es” tal y como “es”.

La alegría que viene después de la rendición, el vacío y la aceptación que nos queda después de una pérdida es libre, risueña, espontánea, silenciosa o alborozada y, sobre todo, contemplativa. No nos expande sólo a nosotros, sino a los demás y a todo aquello que encuentra a su paso. Realza la belleza de los otros y de la vida. San Agustín lo expresó de forma certera: “La felicidad consiste en el proceso de tomar con alegría lo que la vida nos da y soltar con la misma alegría lo que la vida nos quita”. Joan Garriga

Un concepto relacionado con la aceptación es lo que algunos autores llaman “rendición”, un nuevo estado de conciencia en el que lo que antes se experimentaba como una situación sin salida ante la que nos resistíamos, puede acogerse y convertirse en un punto de salida y una nueva oportunidad.

Quizá la consideración de la fuerza y el poder como los valores por excelencia en la vida y ante las adversidades nos hacen olvidar que la fragilidad es parte de nuestra naturaleza original, y es que esa parte frágil de nosotros está mal vista y es poco deseada. Pero precisamente cuando fingimos lo que no somos estamos tapando con nuestra apariencia nuestras debilidades emocionales e intelectuales. Si miramos dentro de nosotros nos daremos cuenta de que, desde la gracia y la fragilidad, como lo hace un bebé, también podemos encontrar “la fuerza” que nos haga responder, más que reaccionar, ante lo que se presenta.

Aceptar supone aflojar y abrirnos a lo que tenemos ante nosotros. Abandonar la lucha y dejar de negar las cosas tal y como son. Pero no se trata de una invitación a “pasar de todo”, sino adoptar una actitud activa que de paso a nuevos caminos de comprensión profunda y una mayor energía transformadora.

Tenemos que aprender la lección que nos traen la flexibilidad, la fragilidad y la rendición que, a primera vista, nos parecen desprovistas de fuerza. Nada más lejos de la realidad. Es elección personal de cada uno abrirse a experimentar la fuerza que reside en la fragilidad que esencialmente somos.

Oscar Salazar

Ante las crisis, los problemas o las situaciones que nos desagradan podemos elegir entre huir o permanecer. Mirar a otro lado o reconocer la realidad y de decir “sí” a lo que es y sintonizar con lo que hay ahora tal y como es encontrando un camino menos reactivo.

Aceptar de una manera activa y no resignada nos llevará a “salir del bucle”, encontrar la puerta que conduce a una solución creativa, a una respuesta integral al problema. Una “llamada a la acción” desprovista de rigidez y alineada con la esencia que somos a la que llegaremos si pulsamos un “botón que si tenemos”. ¿Te animas a encontrar el tuyo?

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