La sublime viveza de la plenitud atemporal

Cuando nos proponemos llevar atención a la vida, nos damos cuenta de cómo ésta se dispersa y se disipa fácilmente, debido a la fuerza de los viejos hábitos. El hábito más arraigado es el de pensar todo lo que vivimos, interpretar toda experiencia y perdernos en las infinitas asociaciones que nos alejan de la vida que realmente sucede ahora. De este ahora es del que nuestra mente quiere huir, porque para ella, vivir el ahora tal cual es no es suficiente, de modo que sueña y desea flotando permanentemente en ensoñaciones. Desarraigar este hábito necesita práctica, paciencia y perseverancia.

Morar en el observador es posar la consciencia en el presente y ver lo que es, tal y cómo es, sin establecer preferencias: saltar del tiempo al flujo del ahora, del ego a la presencia. Este proceso comienza con desplegar la atención conscientemente en el momento presente.

Al cultivar la consciencia testigo, de manera espontánea nos salimos del tiempo psicológico y nos situamos en el flujo del momento presente. Cultivar el testigo nos lleva a ahondar en el arte de vivir conscientemente, y vivir conscientemente este presente nos abre la puerta a la dimensión profunda de la vida.

 

Cuando miras una montaña, en toda su majestuosidad e imponente belleza, enseguida la mente dice “¡Es hermoso!”. Pues bien, esas palabras son las que te alejan de la montaña, precisamente: ¡Entre la montaña y tú mismo, ya está la mente! Krishnamurti

 

Sin darnos cuenta nos hemos separado y perdido la sublime viveza de la plenitud atemporal. Hay belleza, ya lo sabemos, la estamos viviendo, rebosamos de ella, entonces ¿Por qué lo nombramos? ¿Para qué este comentario? Miremos lo que hay detrás de todo esto… Tal vez la mente diga que lo nombra para confirmarlo, y es muy amable por su parte, pero esta belleza no necesita ninguna confirmación: no va a dejar de serlo por el hecho de que lo nombremos. De hecho, si deja de serlo, si esta belleza se vela, es por la misma confirmación. Efectivamente, comprometernos seriamente con este juego puede cambiar radicalmente nuestra vida.

La actitud básica de la Atención Plena es esta suspensión de prejuicios e interpretaciones que se resume en una serena atestiguación que igualmente atestigua cuando aparecen el juicio y la interpretación. La clave está en cultivar una mirada límpida e inocente que observa el mundo como si “cada vez fuese la primera”, libre de la memoria y entregada a la vida nueva que florece de instante en instante.

Pero “vivir aquí y ahora” no significa eliminar o descartar la memoria: aunque la conciencia no es temporal, nuestro nivel psicológico se despliega en el tiempo. Podemos vivir conscientemente el ahora teniendo en cuenta la maravillosa utilidad de la memoria en los aspectos prácticos o funcionales de la vida. De modo que el conocimiento y la experiencia son necesarios, pero arraigados en un sereno estado de ser, “ahora”. Nos es posible desde este presente recurrir a nuestro pasado y proyectar el futuro.

Perseverando en la consciencia testigo la atención sostenida se irá haciendo más estable. Esta presencia fresca, pura, y silenciosa, nos hará percibir el continuo amanecer del mundo, el milagro que acontece por doquier, eternamente nuevo e inocente…

La conciencia testigo se irá convirtiendo en nuestro estado de consciencia habitual y aunque “nos durmamos”, sea cual sea la circunstancia que nos haya distraído, al darnos cuenta volvemos a despertar. Siempre regresamos a esa apertura silenciosa donde ahora nos vivimos y reconocemos: esa conciencia testigo que ahora percibimos como nuestra propia identidad.

Consultor en Mindfulness Transpersonal

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