La terapia sistémica desde la mirada transpersonal

Un camino de maduración e integración.

 

En pleno siglo 21 encontramos una humanidad en proceso de maduración, ante desafíos como el desarraigo, el aislamiento o la carencia de propósito. La comunidad ha dejado de ser la “gran familia” para devenir un amontonado de seres humanos entregados a la producción valiéndose de sus propios medios. Además, somos huérfanos de Dios. Hemos dejado de refugiarnos en su alivio para presenciar su anunciada “muerte”.

En este contexto nace la Terapia Sistémica Transpersonal como una vía de autodescubrimiento y reconciliación honda con el mundo de nuestros ancestros, el atemorizante porvenir, el enigma de nuestra mente lógica, nuestras herencias, heridas emocionales, desengaños, con nuestros padres y madres que “hicieron lo que supieron”, parejas que nos mal y bien amaron, con nuestra infancia, la vejez que nos acecha, lo que nos quedó por decir a los que se fueron, con la Vida y con la Muerte…En suma, un desarrollo más allá de la mirada Transpersonal que nos trae maduración e integración.

Se trata de un proceso de autoconsciencia que parte de poner luz en nuestros vínculos íntimos con la familia de origen, y en este encuadre a las heridas, conflictos y desequilibrios, terminando por mirar hacia la relación que establecemos con cualquier aspecto de la vida y de la muerte: la integración psicoemocional a través del progresivo abrazo de aquello que duele mirar, por haber permanecido excluido, como camino de ensanchamiento de nuestra identidad personal.

Los seres humanos excluimos lo que no somos capaces de reconocer por resultar demasiado doloroso. De este modo soterramos pérdidas y duelos no del todo aceptados, punzantes separaciones de pareja o amores fallidos, personas hacia las que sentimos aborrecimiento o encogimiento, tragedias que dejaron huella en el corazón o secretos difíciles de asimilar. En este encuadre sistémico lo “excluido” viaja más allá de la propia biografía, abarcando supresiones habidas tras descendencias del sistema familiar. Aquello no integrado en una generación pasa a la siguiente, sin que haya consciencia de lo que originó tal aplazamiento.

Hablamos de reconocimiento en el momento que podemos mirar hacia aquello que duele, cuando somos capaces de reconocer la fuente del dolor. El hecho o persona queda así incluido: las partes, antes fragmentadas, se reúnen y dan paso a la integración.

En la medida que avanzamos nos damos cuenta de que la vida nos pide, esencialmente, es mirar hacia lo que rechazamos y decir “sí” también a eso. Primero decimos “sí” a nuestras limitaciones, virtudes, aciertos y errores, a la vida tal y como ha sido hasta ahora, al pasado por muy agudo que haya podido ser, a nuestro padre y a nuestra madre, más allá de lo que nos dieron o no. Luego podemos decir “sí” a la vida tal y como es ahora, al “bien” y al “mal”, a la salud y también a la enfermedad…

En la esencia de la Terapia Sistémica Transpersonal está favorecer a hacernos conscientes de nuestra inserción en un todo mayor, a través de la toma de conciencia de que formamos parte de nuestro sistema familiar, también del sistema Humanidad y, por último, del Sistema–Universo.

De la formación Experto/a en Terapia Sistémica Transpersonal a través de las Constelaciones Familiares:

Terapia Sistémica Transpersonal

«Transforma tu vida y conviértete en un agente dinámico del cambio en el mundo»

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