Silencio consciente

La invitación al silencio consciente es toda una aventura de autoindagación y de silenciamiento del ruido interno. Ahora bien, antes de abrir la puerta al estado de silenciación, es necesario reconocer que, a nuestra mente “adicta al pensamiento”, la propuesta de silencio le resulta enormemente aburrida y ansiógena.

Quien supera ese primer obstáculo, accede a una tierra fértil y abundante… Accede a su propio Ser Esencial.

“Advierte que el silencio viene de tu corazón y no de estar callado”

Thich Nhat Hanh

 

En nuestros retiros de silencio y en las formaciones presenciales realizamos la propuesta de que, en cualquier momento, alguien pueda hacer sonar uno de los gongs repartidos por el centro.

En ese instante, los presentes detenemos la actividad, incluida la conversación que podamos estar manteniendo; paramos para observar desde dónde estábamos actuando:

¿Qué estaba pretendiendo con mis palabras?

¿De qué manera estaba buscando complacer o presentar una determinada imagen de mí?

¿Cómo estaba siendo la calidad de mi escucha?

¿Estaba identificado plenamente y a la deriva de mis pensamientos?

¿Estaba desconectado del cuerpo y de mis sentimientos?

¿Me pillo juzgando a algo o a alguien?

Realizar alguna de estas preguntas de autoindagación tiene la finalidad de interiorizar la mirada y hacernos conscientes del escenario interior. Algo que posibilita un progresivo aquietamiento de la actividad mental y una reorientación armoniosa de la conducta.

Observo la pauta presente, con compasión y la suelto para quedarme más disponible para ser. Mantengo el corazón abierto a la experiencia y a la aceptación de lo que se está dando.

“El Silencio Interior expresa la culminación de un proceso que se caracteriza por un flujo permanente de toma de consciencia sobre el cuerpo, las emociones, las percepciones y los procesos mentales.

A través de la autobservación desidentificada, podemos tomar conciencia de la naturaleza de los condicionamientos y mecanismos que nos gobiernan. Se trata, en definitiva de observar, aceptar y comprender”.

Mario Silva

No se trata de una autoindagación crítica. La actitud es la de observar con cierto asombro el juego de nuestros automatismos mentales, así como de nuestros aspectos más sombríos. Al observarlos y darnos cuenta, podemos “soltarlos” y quedar así más libres y disponibles hacia los demás y hacia la vida.

“El mutismo cierra, mientras que el silencio nos abre”.

Sara Ferrer

Según han revelado estudios realizados en el Research Center for Regenerative Therapies Dresden (Alemania), en el silencio la experiencia resuena con un eco parecido al de la sonoridad de las notas musicales cuando encuentran un espacio para disolverse en el silencio.

“La música y las palabras pueden ser mucho más bellas y significativas cuando tienen tiempo de resonar dentro del alma”.

James Biery

Tras la aparición de cualquier pensamiento en el campo de nuestra conciencia, podemos realizar una pausa para salir del nivel pensamiento y observar:

“Eso es un pensamiento”. No soy yo, es tan solo un pensamiento. Observo la calidad del pensamiento, sin juzgarlo, y cómo se asocia al nivel emocional. ¿Cómo me hace sentir pensar así? Puedo degustar entonces en el cuerpo el efecto de mis pensamientos.

De manera natural, sin luchar contra la mente, comienza entonces a aumentar la calidad de mis pensamientos. Decrece la cantidad de pensamientos que generan ruido innecesario a nivel emocional.

Sucede asimismo que los pensamientos improductivos pierden fuerza cuando cesa la identificación con ellos, y aprendemos a soltar y detener la cadena de pensamientos que se asociarían de otra manera de forma automática.

Cualquier momento es bueno, si nos pillamos en ese encadenamiento de pensamientos, para despertar nuestra conciencia al nivel del observador de esos pensamientos.

“Cuando cierro los ojos y descanso en el silencio puedo sentirme en un espacio que es amplio y que me puede contener… Empiezo a fluir y llegan compresiones… Esas comprensiones llegan a partir del silencio interno”.

Pamela Magana

El silencio acaba resultando acogedor y dulce. En él podemos hacernos cargo de nuestro mundo emocional, al tiempo que aprendemos a abrazar todo lo que allí surge y se desvanece.

Este texto forma parte de Nuestra mirada Transpersonal, una compilación de reflexiones e indagaciones aportadas por el equipo de Tutores de la EDTe

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