Las características de las personas resilientes

1. Adaptación al cambio

2. Autoconocimiento

3. Aceptación como principio básico

4. Mejora constante

5. Sentido de vida

A lo largo de la historia, nuestra capacidad de resiliencia nos ha permitido rehacernos ante episodios traumáticos, contextos que nos han magullado pero que, al tiempo, nos han reforzado. Podemos decir que sin esta capacidad no habríamos evolucionado.

En cada ser humano tiene cabida la facultad de recomponerse tras cada desafío vital y superar cualquier revés. El obstáculo puede terminar por ser el fertilizante de una existencia con un rumbo más ancho y profundo. Si en nuestro corazón existen heridas que todavía duelen y sentimos haber crecido con ellas, es que nosotros también somos resilientes. Una de las claves está en la adaptación al cambio. Actitud que cultivaremos si vivimos las crisis como oportunidades de evolución, yendo “más allá”, y sin prescindir de que en lo profundo de nuestro ser siempre hay quietud y calma. Sentiremos la confianza en que todo lo que sucede tiene sentido y desplegaremos la flexibilidad que nos permita soltar expectativas y tomar la vida como es.

Complejo y no exento de trabas, el camino del autoconocimiento supone mirarnos de forma inclusiva y constante, asumiendo de por vida que, cada paso, cada “capa de cebolla” que abrimos internamente, sugiere una mirada de mayor esencialidad, sensibilidad y sencillez.

Si integramos la aceptación como principio básico, es clave comprender que nada tiene que ver con la resignación, ya que la aceptación no conlleva complacencia. El punto de partida es aceptar cómo son las situaciones, relaciones y personas que nos contraen, sin dobleces, con responsabilidad de lo que sentimos, sin necesitar que cambien para “estar bien” y abiertos al suceder sin expectativas, pero con objetivos, propósito y plenos en posibilidades.

Si somos personas resilientes tenderemos una visión decidida de mejora constante, de por vida, más allá de la edad y de los escenarios. Cultivamos el anhelo y la certeza de que la vida prospera y de que el trabajo en coherencia, sostenido por valores nobles, no resulta infértil.

Si nuestra voluntad se enraíza en la búsqueda de la verdad y de la belleza como forma de vida consciente, en un sentimiento conectado con el sentido profundo de la existencia, más allá de lo que a diario ven nuestros ojos, de las prisas, de la razón y la tecnología, seremos encontrados por el vibrar hondo y en íntima conexión con la “dimensión translógica” de la realidad mayor: cuando estamos abiertos la resiliencia también se manifiesta en el camino de reconocimiento y vivencia de la dimensión transpersonal.

Contamos con una capacidad sin límites de desplegar potenciales. Confiar en nuestra naturaleza es hacerlo en nuestra inherente condición de mejora continua. En caso de que cuestionemos que en nosotros este potencial esté desarrollado, podemos respirar hondo al tiempo de rotar la mirada hacia dentro…

Consultor en Mindfulness Transpersonal

Terapia Transpersonal

 

 

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