Los cinco duelos en nuestra vida de mujer

 

 

La llegada de la madurez nos regala la oportunidad de declarar la belleza basada en la autenticidad, el amor maduro y la templanza como creaciones del camino de la vida.

 

Para transitar el duelo de dejar atrás la juventud, se revela invaluable la capacidad de aceptar los procesos naturales y comprender que la pérdida de nuestro “antiguo yo” nos trae el nacimiento a una identidad más ancha, honda y sabia.

 

La marcha de los hijos del hogar resulta otro momento delicado para la vida de una mujer. Como madres nos enfrentamos al síndrome del “nido vacío” y al adiós a una identidad anterior basada en funciones propias de la crianza como la nutrición y el amparo.

 

Este tránsito que supone pérdida también está cargado de posibilidades. Podemos abrirnos a la vida y encontrar vías de contribución a la sociedad más allá de la crianza y de los vínculos de sangre. Es una etapa propicia para el afloramiento de esa parte de mujer sabia.

 

Es frecuente que las mujeres asumamos el cuidado en la senectud de padres y madres, incluso de otros familiares. Sea el que sea el caso, en general toda mujer afronta el sentimiento de pérdida en el proceso del creciente menoscabo de sus progenitores. Será clave en este tránsito importante la materia nada fácil que supone amparar el equilibrio entre el propio autocuidado y el cuidado hacia otros: saber atendernos y así poder hacerlo con los otros. Un supuesto este que, aun pareciendo indudable, suele frustrarse con la atención primera a los demás, relegando la propia, con la consecuente sobrecarga.

Vivimos en ocasiones con un duelo silenciado la realidad de no hallar personas en el entorno inmediato con las que compartir desde el corazón e ir más allá de la habitual superficialidad para establecer comunicación profunda. Este “cortocircuito de la complicidad” por la pérdida de intimidad emocional podemos neutralizarlo cultivando nuevos vínculos con otras personas y formando parte de grupos como los Círculos de Mujeres.

 

La dimensión femenina se ve frecuentemente silenciada dentro de una sociedad en la que marcadamente prima lo racional, la competitividad, el pragmatismo y la funcionalidad de la sociedad materialista. En este contexto de pérdida de los valores femeninos, muchas mujeres sumergimos nuestra sensibilidad y compasión a cambio de ser aceptadas por los exigentes circuitos profesionales en los que nos vemos inmersas. Ante este tipo de pérdida resulta indispensable dar espacio a los valores asociados a la dimensión femenina, poniendo especial atención a cualquier indicio de negarlos o reprimirlos.

 

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Facilitadora en Círculo de Mujeres

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