Los estados que activan el hambre emocional

 

En nuestra alimentación, la restricción de alimentos y la compulsividad pueden estar activados por el engranaje que nos lleva a sentir hambre emocional. Los estados emocionales son los desencadenantes, e identificarlos nos ayudará a ampliar nuestra autoconsciencia:

Comer puede ser un intento de aplacar el sentimiento de aislamiento.

Recurrir a la comida puedes ser un camino para llenar el sentimiento de vacío o “tapar” la frustración.

Comer como solución de auto consuelo puede estar activado por el impulso de la tristeza.

Es habitual usar la comida como “calmante” o tranquilizante ante el nerviosismo o la inquietud.

La necesidad de vitalidad ante el cansancio o la energía vital baja puede impulsarnos a comer, aunque no tengamos hambre realmente.

La sustitución del descanso por la comida puede ser el resultado de la fatiga no atendida.

El sentimiento abandono puede activar el deseo de comer y así evadirnos el dolor emocional.

El sentimiento de ansiedad por procrastinar una acción o por indecisión puede llevarnos a “emplear” la comida.

“Morder comida” es un intento de descargar el enfado y las ganas de “morder” a alguien cuando surge la decepción.

La comida puede ser un intento de compensación por sentirse privado de algo.

 

Por alimentación emocional se entiende “tener hambre desde el corazón” y no sólo desde el estómago. Comer desde la emoción o por la emoción, significa emplear la comida como forma de bálsamo de sentimientos intensos. Vivir la comida como un anestésico pueden generar un estado de vulnerabilidad que se exprese en una alimentación inconsciente o “automatizada”.

 

 

Alimentación Consciente

Consultor en Mindfulness Transpersonal

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