Poesía de Antonio Colinas 

 

Me he sentado en el centro del bosque a respirar.  

He respirado al lado del mar fuego de luz.  

Lento respira el mundo en mi respiración.  

En la noche respiro la noche de la noche.  

Respira el labio en labio el aire enamorado.  

Boca puesta en la boca cerrada de secretos, respiro con la sabia de los troncos talados,  

y, como roca voy respirando el silencio  

y, como las raíces negras, respiro azul arriba en los ramajes de verdor rumoroso.  

Me he sentado a sentir cómo pasa en el cauce sombrío  

de mis venas toda la luz del mundo. Y yo era un gran sol de luz que respiraba.  

Pulmón el firmamento contenido en mi pecho  

que inspira la luz y espira la sombra,  

que recibe el día y desprende la noche,  

que inspira la vida y espira la muerte.  

Inspirar, espirar, respirar: la fusión de contrarios, el círculo de perfecta consciencia.  

Ebriedad de sentirse invadido por algo sin color ni sustancia,  

y verse derrotado, en un mundo visible, por esencia invisible.  

Me he sentado en el centro del bosque a respirar.  

Me he sentado en el centro del mundo a respirar.  

Dormía sin soñar, mas soñaba profundo y, al despertar,  

mis labios musitaban despacio en la luz del aroma:  

Aquel que lo conoce se ha callado  

y quien habla ya no lo ha conocido.

 

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