Mindfulness para superar obstáculos 

Cuando tomamos la práctica del Mindfulness o Atención Plena como algo más que una mera “técnica de relajación” a practicar en momentos puntuales, ésta se convierte en un camino profundo de crecimiento y desarrollo.

En realidad, quien inicia el camino del Mindfulness puede abrir la puerta al sentido de la vida y al sosiego, independientemente de las circunstancias vitales. A través de la práctica del Mindfulness es posible identificar los 3 principales obstáculos que nos impiden vivirnos en plenitud.

Veamos cuáles son los tres obstáculos y sus “antídotos”.

¿Qué es verdaderamente la Atención Plena?

Y… ¿qué no es?

Si bien hoy día podemos encontrar en cualquier librería o portal de Internet muchísima literatura e investigación sobre Mindfulness, todavía existe cierta confusión sobre esta práctica de gran potencial transformador.

Mindfulness no es…:

  • Dejar la mente en blanco
  • Una técnica de relajación
  • Pensamiento positivo
  • Renunciar a las emociones o al sentir
  • Entrar en trance
  • Apartarse de la vida
  • Buscar la beatitud o un estado placentero
  • Rehuir el dolor
  • Una nueva religión
  • Para determinadas personas

Entonces… ¿Qué es Mindfulness?

La Atención Plena es en realidad un estado de consciencia que tiene que ver con una determinada forma de prestar o enfocar nuestra atención hacia aquello que vivimos.

Imaginemos la atención como una gran linterna que permite ver aquello que ilumina, una linterna de la que todos disponemos, pero que no siempre empleamos de forma consciente.

¿Nos hemos preguntado alguna vez qué o quién dirige nuestra “linterna interna”? En realidad, sucede que cuando no somos conscientes, no sabemos muy bien hacia dónde enfocamos la linterna, y menos aún nos damos cuenta de que podemos incluso elegir hacia dónde queremos dirigirla. Desde tal estado de inconsciencia (no me doy cuenta de que quien dirige la linterna es una parte de mí), la atención vaga y vaga en un estado de dispersión que favorece el cultivo de emociones y estados internos no deseados tales como el miedo, el victimismo, la falta de determinación y acción, la negatividad…

Tal vez hayamos oído aquello de:

“donde enfocas tu atención, enfocas tu intención”;…o: “lo que miras, crece”

Cuando comenzamos a practicar Mindfulness, vamos descubriendo paulatinamente que podemos cultivar la capacidad de dirigir la atención hacia aquello que nos conduce a una vida más centrada en la que vivirnos desde la apertura y la aceptación, una vida con mayor compasión, el entusiasmo…

Se puede decir, entonces, que la Atención Plena tiene que ver con un proceso de autoconsciencia y desarrollo de un ser humano que, paralelamente a su crecimiento interior, se da cuenta de que lo de “fuera” no es tan arbitrario como pudiera parecer, sino que más tiene que ver con qué y hacia dónde elige enfocarse.

José María Doria, en su libro Las 40 Puertas, un Camino a la Inteligencia Transpersonal y el Mindfulness, define el Mindfulness o Atención Plena como:

«Un estado de conciencia de total ahoridad, por el que nos damos cuenta de lo que estamos viviendo, al tiempo que soslayamos juicios y observamos los propios procesos mentales en apertura fluida al devenir».

Extraído del libro: Las 40 Puertas

Identificar los 3 obstáculos que nos impiden vivirnos en plenitud

A estas alturas, bien sabemos que no encontraremos en la circunstancias externas el sentido de nuestra vida o la fuente estable de plenitud y entusiasmo. Pero todavía, a menudo, no sabemos qué camino tomar, ni qué pistas seguir para salir del estancamiento en el que a veces nos encontramos sumergidos.

Mindfulness permite identificar qué nos mantiene en el sinsentido, en una vida a veces automatizada en exceso, y presa de las emociones enquistadas. Permite, asimismo, abrir un espacio interno de comprensión y reencuentro con lo esencial, un espacio amoroso desde el que sintonizar con la VIDA, con mayúsculas.

Nos aflige la enfermedad del pensar, de estar planificando el futuro y recordando un pasado no siempre grato, de imaginar en demasiadas ocasiones catástrofes que sólo existen en nuestra imaginación. Hasta tal punto que para algunas personas, el presente es una especie de “sala de espera” en la que aguardan, con más o menos paciencia, a que ocurra “la vida de verdad”. Todo lo que sucede es visto no como algo único, sino como una distracción pasajera, como el prólogo de lo bueno que aún está por venir. En realidad, aunque desde sus orígenes la especie humana se haya preguntado si hay vida después de la muerte, para algunos de nosotros la pregunta crucial sería: ¿hay vida antes de morir?

–Extracto del temario Consultor en Mindfulness (nivel inicial)–

Veamos los tres principales obstáculos que nos mantiene en la inconsciencia y el sufrimiento, así como sus “antídotos”:

1.- LAS EXPECTATIVAS

¡Cuán a menudo vivimos a través de un filtro creado por nuestras ideas acerca de cómo “deberían” ser las cosas! El hecho de no identificar tales fotocopias mentales es fuente de sufrimiento cuando nuestras expectativas no se cumplen.

¿Cuál es el antídoto?

Bien sabemos que la vida es como es, no como “se supone que debería de ser”. En este sentido, trabajar en la dirección de vivirnos desde la aceptación de lo que es a cada instante –que no desde la resignación–, permite que algo profundo en nosotros se alivie, al tiempo que se abre un espacio interno desde donde vivirse con fluidez y liviandad.

¿Y si cambiásemos la palabra EXPECTATIVA por POSIBILIDAD? ¿Y si entrenáramos el enfoque de nuestra atención para detectar la tendencia de generar expectativas, eligiendo conscientemente el vivir cada instante como una posibilidad?

2.- LA RESISTENCIA AL DOLOR

La resistencia y la oposición al dolor natural de la vida es una de las reacciones automatizadas e inconscientes del ser humano. Sabemos que en la vida hay placer y dolor, y que éste último es inevitable; en el fondo esto no es nuevo para nadie, pero una cosa es “entender”, y otra cosa es el hecho de comprender profundamente una realidad.

Cuando vivimos desde ese mecanismo automático de sumergir y evadir nuestra vivencia dolorosa, en realidad generamos, sin saberlo, un sufrimiento que en este caso sí es evitable e innecesario. Es como si añadiéramos una carga tóxica “extra” a la cuota de dolor que nos toca vivir.

¿Cuál es el antídoto?

Comprender profundamente que no podemos evitar el dolor, al tiempo que practicamos la aceptación de lo que vivimos en cada instante. La práctica de la atención plena permite abrirse plenamente al dolor y acogerlo y, cuando éste ha cumplido su función, sucede que remite del mismo modo que llegó.

Al fin y al cabo, negar el dolor que en un momento dado sentimos es, en realidad, negar una parte de nosotros. Al aceptarlo y apropiarnos de nuestra vivencia, tomamos fuerza y entonces se despliega una actitud compasiva que favorece el vivirnos sintonizados y en empatía con nosotros mismos y con los demás.

3.- LA DISPERSIÓN

La dispersión es fruto de la desatención o, como mencionábamos anteriormente, del no enfocar la linterna conscientemente. De la dispersión y la desatención surge, a su vez, la reacción automática ante aquello que vivimos. Es como vivirse con el “piloto automático”. Salir de la reacción es, de algún modo, despertar del automatismo y activar la consciencia desde la que elegimos responder en lugar del reaccionar.

¿Cuál es el antídoto?

El antídoto en este caso es la práctica y el cultivo de la Atención Plena o Mindfulness, un camino de crecimiento y desarrollo integral que nos conduce a una mayor autocomprensión, al tiempo que descubrimos nuestros particulares automatismos. 

Si siembras un pensamiento cosecharás una acción.

Si siembras una acción cosecharás un hábito.

Si siembras un hábito cosecharás un carácter.

Si siembras un carácter cosecharás un destino.

–El Tibetano–

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Consultor en Mindfulness Transpersonal

Escrito por:

Darina Nikolaeva

Darina Nikolaeva
Área de comunicación de la EDTe
Coordinación Formación Continua