Hablar de mindfulness es, verdaderamente, hablar de evolución. Realmente, el único momento en el que hemos de atendernos, en el que crecemos, es aquí y ahora. El único paso que existe, este que damos en este momento.
Practicar arte es una oportunidad para vivenciar una honda conexión con el momento presente, atendiendo a lo que estamos haciendo de forma enfocada, a través de los sentidos, movilizados por la fuerza creadora que nace de nosotros. Nos permite desplegar la atención consciente en lo que estamos haciendo mientras lo estamos haciendo. Eso es mindfulness, aunque mindfulness es mucho más. Podríamos hasta decir que el arte es mindfulness.
Conviene nombrar que tanto en nuestro propio proceso de creación, como cuando estamos contemplando una obra de arte, tenemos una oportunidad para pararnos y desplegar la mirada interna: la autobservación.
Esto, que tanto cuesta a veces en la vida cotidiana, el arte nos lo pone en bandeja. Hay acción y hay testigo. Hay “hacer” y hay “ser”.
Y es que el arte nos conecta directamente con nuestra capacidad más original y particular, la creatividad. En esta capacidad participan, realmente, todas nuestras dimensiones – la física, la mental, la emocional, espiritual… – Cada dimensión tiene un lugar, se integra con las demás, se influyen, moldean… todo esto sucede si mientras quien hace arte se hace consciente de lo que sucede dentro de sí, al entrar en contacto también con el material que utiliza, con el afuera. De esta forma, la práctica artística consciente será un puente para impregnar de atención plena la vida. Del mismo modo, incorporar mindfulness en la vida cotidiana puede ser una puerta al arte consciente y al despliegue de la creatividad. Mindfulness es, realmente, un motor para la expansión de la conciencia.
Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de mindfulness? Existen multitud de definiciones, sin bien, una muy comúnmente utilizada es la siguiente:
“Es la conciencia que aparece al prestar atención deliberadamente, en el momento presente y sin juzgar, a cómo se despliega la experiencia momento a momento”
Jon Kabat-Zin
Por un lado, podríamos decir que es una habilidad de la atención que nos permite centrar la mente en el presente. Estar atentos a la plenitud de esta experiencia del momento presente, nos pone en contacto con la realidad en la que vivimos y con lo que acontece en nuestro mundo interior. Una visión intencionadamente centrada en el presente nos ayuda a no identificarnos con partes de nosotros mismos que nos distancian de la totalidad y la belleza de nuestro ser. Al poner toda nuestra atención en lo que ocurre aquí y ahora, se abre el espectro que nos permite comprender que no somos nuestras sensaciones, emociones y pensamientos.
Demasiado frecuentemente nuestra cotidianidad nos lleva a funcionar con el piloto automático, a vivir con un grado importante de inconsciencia diaria, a experimentar lo que nos acontece simplemente para librarnos de ello y que llegue lo siguiente, lo que nos convierte en seres precipitados hacia la muerte al perdernos la vida. La alternativa es ser conscientes de cada cosa que hacemos en el momento en el que la estamos haciendo.
La atención plena constituye básicamente una forma determinada de prestar atención. Cuando hablamos de atención plena, traducción de la palabra inglesa mindfulness, nos podemos estar refiriendo a varias cosas:
– En primer lugar, a cualquier tipo de práctica voluntaria en la que prestemos atención para darnos cuenta de “qué está sucediendo mientras está sucediendo”. En este sentido, se trataría de practicar la atención intencionadamente durante nuestras actividades cotidianas, como pueden ser comer, asearnos, conducir, dar un paseo, pintar un cuadro, cantar… Es lo que llamamos la “práctica informal” de mindfulness o atención plena.
– Además, podemos estar apuntando a lo que habitualmente se llama “meditación”, es decir, a la actividad realizada en un lugar y tiempo concretos y habituales en los que, simplemente, paramos y, en esa quietud, prestamos atención a lo que sucede tanto en nuestro mundo interno como externo. Esto es lo que llamamos también “práctica formal” de mindfulness o atención plena.
– Por último, también hace alusión a un nivel de conciencia desde el que vivir, y que sustituya al programa de inconsciencia y piloto automático tan frecuentes en nuestra vida. En este caso, la práctica voluntaria de la atención plena impregna nuestra vida cotidiana y se convierte en un nivel de conciencia expandida que desborda los momentos de práctica en sí mismos. Este sería el horizonte hacia el cual nos dirigimos con las diferentes prácticas, ya sean formales, informales, artísticas…
La sociedad actual está marcada, en muchos casos, por la respuesta inmediata, las prisas, los éxitos y los fracasos, etc. Es habitual convivir con altas cuotas de ansiedad y estrés frente a propósitos que nunca llegamos a cumplir y, cuando se alcanzan, parece que hemos de seguir buscando. Todo esto tiene su influencia en los hábitos, las relaciones que establecemos, las rutinas, la necesidad de representar unos roles concretos y no salirnos del papel. Tanto la práctica de la atención plena como el arte nos dan la oportunidad de ensanchar el foco, ver más allá, y dirigirlo a otros aspectos internos que tienen más que ver con eso que no cambia. Nos permiten conectar con la esencia de nuestro ser.
Mindfulness y arte consciente nos permiten cultivar el silencio, la actitud contemplativa de la existencia. Gracias a esto, no solo incorporamos esa mirada 360º en el proceso artístico, sino que, poco a poco, somos capaces de desplegarlo en nuestra vida cotidiana.
Actualmente, ya existen trabajos de arte y terapia basados en mindfulness. Aunque es un campo muy nuevo, existen resultados que apuntan hacia su gran utilidad.
Del mismo modo que el trabajo pionero con Mindfulness fue con pacientes con estrés y dolor crónico, de la mano de Jon Kabbat-Zin, el programa “arte terapia basado en mindfulness” ha dejado resultados positivos, reflejando sus beneficios en la calidad de vida y en la disminución de la ansiedad, el estrés, el dolor y la depresión.
Podemos afirmar que la unión de mindfulness y arte favorece la apertura a la experiencia del momento presente, más allá de juicios y etiquetas. El arte transpersonal, en este sentido, va necesariamente de la mano de la atención plena. No es el arte por el arte, es el arte por la consciencia: La rehumanización del arte y del ser humano, en ese camino de vuelta a casa.
Adentrarnos en la creación artística a través de mindfulness nos permite desplegar nuestra dimensión observadora desde una actitud amorosa. Tanto en la vida cotidiana, como en el arte, es habitual moverse desde el observador crítico, lo cual es una cárcel para el desarrollo de la creatividad. Cuando acometemos una tarea artística desde la atención plena podemos tomar consciencia de nuestras reacciones, pensamientos, emociones en el momento en el que están sucediendo. De forma alquímica, podemos caminar entre la acción y la contemplación. Al hacerlo en una tarea que, en principio, no tiene una función utilitaria, puede resultarnos más sencillo, llegando a acometerla desde un lugar más auténtico. De esa expresión sincera en libertad, llegará un momento en el que nuestra capacidad de atención y disfrute se expanda.
La buena noticia es que esta práctica es muy generosa. A poco que vayamos dándonos el espacio para ello, iremos notando cómo en nuestra vida cotidiana podemos ir poniendo estos mismos valores en juego.
Si perseveramos en la práctica formal de la meditación, junto con la práctica mindfulness en la vida cotidiana, cada vez seremos más conscientes en tiempo real de nuestras reacciones, pensamientos, emociones. A mayor autobservación, mayor autoconsciencia. A mayor autoconsciencia, mayor capacidad para elegir nuestras respuestas. Esto nos llevará a vivirnos desde un grado de mayor bienestar y libertad, lo cual tendrá su correlato en el despliegue de la creatividad y de nuestra faceta artística.
“La clave de la evolución no radica en averiguar necesariamente la naturaleza intrínseca del ser humano ni de la obra, y tampoco en matar al ego, la estética o la belleza, sino en tomar consciencia del desde dónde observamos la realidad.” ¿Qué reflexión te llega de estas frases? ¿Qué significa para ti ese desde donde en este momento de tu vida?

