Observar y aceptar la sombra del ser humano

Por miserable que parezca, nuestra sombra no es precisamente un enemigo a destruir luchando contra él, porque además este intento acabaría resultando una batalla perdida. Deberemos reconocer que no se trata de luchar literalmente contra lo que llamamos el mal, ya que conforme avanzamos y maduramos nos damos cuenta de que llegaremos a la Bondad sin opuesto, “a pesar” del mal, en lugar de por oposición a él. Y entendemos por mal, la desatención, el egoísmo y la ignorancia.

En este sentido, el acompañante transpersonal se da cuenta de que resulta más deseable no engañarse a uno mismo y ser auténtico que proceder a imitar patrones de un bien aparente y maquillado que no brotan de dentro, sino de áreas tan poco apropiadas como las que cocinan el miedo y la manipulación. Tal vez convenga aceptar nuestras limitaciones y aprender con la experiencia del que ha caído una y otra vez, convirtiendo el propio error en aprendizaje.

El respeto por el otro y la virtud como forma de vida tan sólo brotan de forma espontánea cuando a lo largo de nuestro camino nos adentramos en el núcleo espiritual del Ser. Algo que en alguna medida representa una forma de hablar de amor y lucidez como manifestaciones que se expresan como consecuencia del desarrollo, sin imitaciones idealizadas ni particular represión.

Sabemos que el crecimiento y la maduración de un ser humano pasan primero por afrontar, -por mirar de frente-, aquello que no nos gusta de nosotros, es decir por la visión de la propia sombra o territorio reprimido, y como segundo paso parece requerirse su posterior aceptación e integración. Todo salto evolutivo discurre por una primera fase en la que establecemos diferencias para más tarde proceder a integrarlas.

Los episodios de sufrimiento y crisis que vive un ser humano cuando habitualmente acude a un profesional del acompañamiento terapéutico señalan no sólo los dolores de parto de un nuevo yo emergente, sino también las resistencias a aceptar “lo que hay”. Sin duda se trata de episodios que, aunque de apariencia negativa, vienen a nuestras vidas cargados de crecimiento futuro y son las verdaderas oportunidades que nos brinda el universo para el cambio y la superación.

El pobre anhela riquezas. El rico ansía el cielo. El sabio aspira a una mente sosegada.

Swami Rama

 

Terapia Transpersonal

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