Por qué encontramos excusas para no meditar

 

Hoy en día sabemos que los beneficios de la meditación son innumerables. Sin embargo, el hecho de hablar de “beneficios” en una práctica que conduce a atravesar y trascender la mente pensante, en principio parece un contrasentido; un contrasentido porque, al hablar de ganancia o pérdida en la motivación hacia su práctica, parece que lo que hacemos es reforzar el lenguaje de una dimensión mental adquisitiva que se decide trascender.

Hablar en términos de “beneficios”, en sí mismo, conlleva una evaluación puramente mental, beneficios que, por otra parte, tienden a generar deseos y expectativas, cuando en realidad la meditación no cesa de proponer mapas para vaciarse de deseos, expectativas y estímulos superficiales que se elucubren en el plano del tiempo.

El ego es tan carencial que su propia cultura es adquisitiva. Siempre está insatisfecho por su ilusoria sensación de separación y dualidad de su propio acto de pensar. Es por ello que constantemente dirá

“¡Bah! ¿Para qué estar quieto sin hacer nada? Tengo cosas más importantes que hacer que estar aquí parado. Otro día meditaré con más calma. Ahora mejor es hacer lo que tengo pendiente…Total, por un día que no medite…”

A esto conviene añadir que en el seno de un modelo socioeconómico como el actual y con el culto a las superficies que tributamos, no es precisamente bien recibida la “cultura del silencio y el no hacer”.

Por otra parte, a nuestra mente pensante le cuesta “ceder su reinado” y en consecuencia, opone resistencias a la meditación ya que esta por su propia naturaleza, propicia el atravesar el nivel del pensamiento hacia territorios de identidad transpersonal. Algo que de alguna forma supone relegarla a un papel funcional y secundario.

Habrá que reconocer que ante las múltiples resistencias que ofrece la mente para perseverar en la meditación, lo más probable es que ésta desmonte con rapidez la motivación surgida por el simple hecho de haber leído algo sobre sus beneficios y ventajas.

Tan solo una certeza intuitiva muy honda y proveniente del impulso evolutivo, será la que nos impulse a atravesar el obstáculo y convertir la práctica en algo no negociable

¿Qué nos está llevando en este momento a leer este párrafo?, ¿qué sutil motivación nos impulsa a recorrer esta milenaria senda contemplativa que, a menudo, tan árida e inútil se manifiesta?

Podemos también preguntarnos el por qué la mente racional, incluso activando tantas excusas para lograr soslayar el espacio meditativo, no logra sabotearlo en tantos millones de meditadores a lo largo de este planeta. Y tal vez la respuesta más satisfactoria esté en el nivel intuitivo.

Red de Mundial de Meditación

 Instructor/a de Meditación

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