Práctica inspirada en la oración del Testigo, de Ken Wilber 

Práctica incluida en el libro:  

Un bidón de agua para atravesar el desierto, de José María Doria (publicación próxima).

 

Siéntate en postura de meditación. Toma varias respiraciones profundas y toma consciencia del espacio que te rodea, de las formas de las cosas…, eres un testigo que sin esfuerzo ni dificultad observa las formas que se hallan al alcance de tu percepción. 

Observa ahora las sensaciones presentes en tu propio cuerpo…, el contacto con el suelo, el peso de tu cuerpo sobre el asiento, la tensión o distensión en las distintas partes de tu cuerpo. Simplemente date cuenta de las sensaciones que aparecen y desaparecen…, sensaciones que surgen en tu estado de presencia. Eres un testigo de tus sensaciones.  

Ahora observa los pensamientos que surgen en tu mente… Puede que observes imágenes, recuerdos, anticipaciones, deseos…, date cuenta de cómo surgen espontáneamente, de cómo permanecen unos instantes y luego se van…, Sin esfuerzo eres un testigo de todo ello.  

Date cuenta de que si puedes observar las formas del espacio que te rodea es porque tú no eres esas formas, eres quien las está mirando… De igual manera, si puedes sentir sensaciones corporales es porque no eres esas sensaciones, eres el testigo de esas sensaciones. Y si puedes ver cómo flotan los pensamientos es porque tú no eres esos pensamientos, sino un testigo de esos pensamientos. De forma natural y espontánea, todas estas cosas surgen, por sí solas, en tu darte cuenta presente, sin esfuerzo de tu parte. 

  

 

¿Quién eres tú? No eres los objetos de allá afuera, no eres las sensaciones, no eres los pensamientos.  

Eres un testigo de la presencia de todos éstos. ¿Quién o qué eres tú?  

  

Tengo sensaciones, pero no soy esas sensaciones. ¿Quién soy?  

Tengo pensamientos, pero no soy esos pensamientos. ¿Quién soy?  

Tengo deseos, pero no soy esos deseos. ¿Quién soy?  

Retrocedo hacia la fuente de mi propia consciencia… Retrocedo hacia el Testigo, y descanso en Él. No soy los objetos, no soy las sensaciones, no soy los deseos, no soy los pensamientos… Descanso en el Testigo… No tengo porque ver o sentir algo realmente especial…  Si veo algo, se tratará simplemente de otro objeto: otra sensación, otro pensamiento, otra imagen…. Todos éstos son objetos, y yo no soy ninguno de ellos…  

Mientras descanso en el Testigo todo lo que observo es una sensación de liberación y alivio de lo que implica el identificarme con estos objetos finitos, identificarme con mi cuerpo, con mi mente, con mi ego… Todo esto son objetos que pueden ser vistos y, por lo tanto, no son Aquél que ve, el verdadero Yo, un centro de percepción consciente, el Testigo puro que realmente soy…   

Descanso en el Testigo y no espero ver nada en especial, lo que surja estará bien… Esta consciencia-testigo no es nada específico que pueda ver… Es, simplemente, una radiante sensación de libertad en vacío puro del trasfondo… Y en ese vacío puro, que es lo que soy, surge el mundo entero de lo manifiesto: formas, sensaciones, sentimientos, emociones, pensamientos… Yo soy esa libertad, esa apertura, ese vacío, y no las cosas que surgen de allí.  

Descanso en ese atestiguar vacío, libre, fácil y carente de esfuerzo. Observo que las nubes surgen en el amplio espacio de mi consciencia… El cielo y mi consciencia se han vuelto uno solo. Puedo besar al Sol, tragarme la montaña…, están así de cercanos. El Zen me dice, “Tómate el Océano Pacífico de un solo trago”, y eso es lo más fácil de hacer cuando adentro y afuera ya no son dos, cuando sujeto y objeto no son dos, cuando el que mira y lo mirado son Un Solo Sabor.