Extracto del curso Educación Consciente para Familias

En los últimos años se ha ampliado la bibliografía existente en torno a la temática de la Crianza Consciente. A menudo, este enfoque de crianza se ha venido confundiendo con una crianza idealizada, “blanda” e incluso “perfecta”. En realidad, la crianza consciente está íntimamente relacionada con el propio proceso de autodescubrimiento y consciencia de los padres y madres.

A mayor consciencia de los educadores, más consciente se torna la crianza. Por crianza consciente, en este sentido, entendemos una crianza orientada a potenciar el desarrollo del niño, al tiempo que, como educadores, profundizamos en nuestro autodescubrimiento y desarrollo a través de la propia tarea de criar.

Ser padres es una de las tareas más desafiantes y exigentes que existen, y a la vez una de las más importantes. Ser padres es una responsabilidad sagrada: somos protectores, formadores, guías, maestros, modelos, fuente de amor incondicional y aceptación para nuestros hijos.

Los padres deseamos lo mejor para nuestros hijos, pero…, ¿qué es lo mejor? En muchas ocasiones nos sentimos abrumados por la cantidad de información que recibimos sobre lo que está “bien” o lo que está “mal” a la hora de criar a un hijo. Surgen entonces múltiples preguntas y dudas. Cuando investigamos sobre las opciones de crianza disponibles, aparecen fundamentalmente dos enfoques radicalmente distintos: por un lado la crianza con apego o respetuosa (centrada en las necesidades de los niños) y, por otro lado, enfoques basados en la psicología conductista (centrados fundamentalmente en las necesidades de los padres).

Existe un enfoque que engloba a la crianza con apego y respetuosa, al tiempo que emplea recursos de la psicología conductista cuando es necesario. Esta propuesta integradora es la denominada crianza consciente, o paternidad y maternidad consciente; la misma abarca los primeros tres años de vida del niño o niña.

No existe ese modo “perfecto” de educar, pues hay tantos modelos como personas. En realidad, la crianza es un proceso de crecimiento mutuo en el que padres e hijos crecen por medio de la interacción. Si logramos ver al niño como una totalidad, teniendo en cuenta su desarrollo físico, emocional, mental y espiritual, las opciones de las que disponemos empiezan a adquirir coherencia. Abandonamos entonces la necesidad de recetarios para cada circunstancia y confiamos en nuestras propias decisiones como educadores.

La crianza con apego fue un término acuñado por el pediatra William Sears y está basada en los principios de la Teoría del Apego de Bowlby y en los postulados del libro de Lledloff “El concepto del continuum”. William Sears dice que un apego sano y fuerte entre la madre y el hijo surge de la contingencia, que es la sintonía emocional entre madre e hijo y se basa en la sensibilidad de la madre ante las señales del bebé.

Los 8 principios del vínculo sólido entre madre, padre y bebé

Hay 8 principios o prácticas que nos llevarían a desarrollar ese vínculo firme, coherente y seguro, con disponibilidad física y emocional:

1. Preparación para el parto y nacimiento, creando lazos afectivos desde el nacimiento.

2. Alimentación con amor y respeto, fundamentalmente con lactancia materna.

3. Respuesta inmediata a las necesidades del bebé desde que nace.

4. Contacto materno todo el tiempo posible.

5. Sueño en un entorno seguro, emocional y físicamente, durmiendo preferiblemente con el bebé.

6. Respuesta sensible a los llantos del bebé

7. Disciplina positiva.

8. Equilibrio en la vida personal y familiar.

En la crianza con apego se priorizan y respetan las necesidades emocionales del bebe, reconociendo, atendiendo y siendo empáticos a lo que le sucede. Lo fundamental de este enfoque es que prima el respeto y el amor. Se trata de brindar a los niños un crecimiento en armonía acompañándolos de forma cariñosa en todo momento. Y esto va mucho más allá de determinadas prácticas asociadas a este método como, por ejemplo, la lactancia prolongada, el colecho o el porteo, que a fin de cuentas son herramientas y “formas”. En realidad, no es tan relevante el “cómo”, sino el “desde dónde” y con qué propósito se lleva a cabo la crianza.

El respeto y el amor son intrínsecos a la manera en la que reaccionamos, nos comunicamos y relacionamos con nuestros bebes desde que nacen.

La crianza con apego, en este sentido, es un acercamiento, no un estricto compendio de reglas.

“Cada niño viene a este mundo con sus propias cualidades y dones. Es nuestra labor como padres reconocer la individualidad de cada uno de nuestros hijos y honrarla aceptándoles tal y como son”

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