¿Te has preguntado alguna vez qué lugar ocupa el autocultivo y cuidado de ti mism@ en tu lista de prioridades? Todos los seres humanos, sin excepción, poseemos la capacidad crecer y desplegar potenciales de por vida.

Desde la antigüedad, los filósofos han puesto la mirada en nuestra capacidad de resiliencia; por su parte, las investigaciones neurocientíficas actuales sobre la plasticidad del cerebro humano señalan que nuestras conexiones neuronales experimentan cambios a lo largo de toda la vida. En este sentido, la doctora en bioquímica Perla Kaliman, quien ha llevado a cabo numerosas investigaciones sobre la neuroplasticidad a lo largo de los años, afirma que la alimentación, el ejercicio y la práctica de la meditación ejercen un importante efecto incluso en la expresión de nuestra genética.

Las numerosas investigaciones y el interés transcultural a lo largo del tiempo en torno a nuestra capacidad de mejora y crecimiento no hacen más que constatar la búsqueda incansable del ser humano de mayores niveles de bienestar integral.

«Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya»

El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

La humana necesidad de crecer

La conocida pirámide de necesidades de Abraham Maslow muestra visualmente cómo, cuando hemos cubierto las necesidades básicas de supervivencia, nuestra mirada se orienta a otras más elevadas –lo que él llamó metanecesidades–. Entre las metanecesidades está la de vivir una vida significativa, el experimentar estados de consciencia más amplios o el vivir el día a día como un acto creativo.

Unos pueden tildar de “caprichosas” estas necesidades; sin embargo, pueden ser tan reales e imperiosas como lo son la necesidad de comer o de dormir.

Cuando nos vivimos en un entorno –externo e interno– de seguridad, confianza y cierta calma, nuestro impulso vital se orienta al crecimiento y al desarrollo. Así es la naturaleza humana.

Crecer y mejorar no significa ser “supermans” o “superwomans”; tampoco significa hacer un elogio a la productividad competitiva.

La mejora continua: una expresión de la búsqueda interna

En realidad, con la capacidad de crecer y mejorar hacemos referencia a la búsqueda intrínseca de estados transpersonales de consciencia. Desde dichos estados se hace posible la resiliencia –capacidad de superar nuestras “heridas de vida”– como fruto de una mirada más compasiva y autoconsciente. Se hace posible también el descubrir un sentido de vida más hondo y en coherencia con nuestros valores profundos.

Para llegar a tal vivencia, se hace necesario hacer un recorrido hacia dentro. En el viaje interno nos adentramos hacia capas más profundas de nuestro ser, y entonces es cuando surgen preguntas significativas y transformadoras, tales como:

“¿Qué es realmente valioso para mí?”

“¿A qué quiero dedicar mi tiempo de vida?”

Aquello por lo que vale la pena vivir

En la cultura japonesa existe un bello término que hace referencia a una vida con sentido: es la palabra ikigai. Viene de unir iki, que significa “vida” o “estar vivo” y gai, que significa “lo que vale la pena y tiene valor”. Traducido literalmente, vendría a significar “aquello por lo que vale la pena vivir”.

¿Te has preguntado por qué vale la pena vivir?

¿Te han encontrado tus propias respuestas?

El sentido de vida puede variar a lo largo del tiempo, ya que es algo que está tan vivo como lo está cada un@ de nosotr@s. Lo verdaderamente relevante, en realidad, es el hecho de preguntárnoslo. Preguntarnos internamente acerca de la existencia y el sentido de nuestra vida nos lleva a autoindagar. Quien autoindaga…, descubre.

Hacerse este tipo de preguntas significa, en realidad, creer en la constante evolución de la vida y, por tanto, de un@ mism@. También significa estar en sintonía con lo que es propio, con aquello que habita en lo más íntimo del corazón.

«La diferencia fundamental entre un hombre dormido y un despierto, es que el despierto lo toma todo como una oportunidad de aprendizaje, mientras que el dormido lo toma todo como una bendición o una maldición»

Gurdjieff

 

Crecer y mejorar continuamente es estar en escucha interna y externa; esta escucha atenta y profunda nos ayuda a acompasarnos a los movimientos de la vida y a las transformaciones que esta nos pide cada x tiempo.

¿Acaso el árbol no renueva cada primavera sus hojas?, ¿no florece cada año el rosal, ofreciendo su delicioso aroma? De la misma manera, ¿cómo no íbamos a renovarnos nosotros, los seres humanos, continuamente?

Crecer y mejorar es transitar un camino por el que descubrir nuestros dones, y ofrecerlos al mundo.

 

 

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Escrito por

Darina Nikolaeva

Psicóloga Transpersonal