dependencias

Tipos de conductas adictivas.

Posiblemente la mayoría de las personas padezca alguna.

Nuestra es una sociedad altamente tecnificada que, en aras de un presunto pensamiento científico, ha perdido en muchos momentos su conexión con “algo más” que la realidad puramente material. En la apariencia de las cosas pretendemos encontrar su sentido.

Nos centramos en el momento concreto e inmediato, sin ser capaces a menudo de contemplar la trama en la que cada instante se integra; de esta forma desconectamos las crisis de la evolución, la vida de la muerte, la pérdida del resurgir. No nos vivimos integrados como parte de un organismo total al que pertenecemos, sino como protagonistas absolutos y separados, ilusorios monarcas de un minúsculo e irreal reino.

Nos encontramos con un ser humano desconectado de su identidad esencial, a menudo en conflicto con partes de sí mismo; un ser humano a menudo frustrado, que se compara permanentemente con un modelo social idealizado y que trata de aliviar su dolor con conductas de “arreglo rápido” que por un rato lo dejarán tranquilo. Este hombre o mujer contemporáneos, con temor a la intimidad como música de fondo, tiende a vivirse incompleto e impotente, sintiendo a menudo que no puede confiar en nadie, aunque esté rodeado de personas, y experimentándose así profundamente solo y separado. Un hombre o una mujer que vive mayoritariamente volcado hacia fuera, intentando adaptar su identidad a lo que socialmente se le exige, al tiempo que se vive desterrado de un sentido mayor, así como de la dimensión esencial de su identidad profunda.

Las conductas adictivas dependientes aparecen como ilusorio alivio del vacío existencial, de la desconexión interior, del conflicto y del sentimiento de impotencia irresoluble. Estas  conductas tapan temporalmente el vacío, el dolor, la soledad y el miedo; el mundo consumista las ofrece como una solución mágica y, en demasiadas ocasiones, acaban convirtiéndose en una trampa peligrosa que puede llegar a ser mortal. Y, en otras ocasiones, sin ser “mortales”, suponen un interminable bucle de pérdida de control, ausencia de interés por otras actividades, una interferencia más o menos grave en la vida cotidiana y una dependencia más o menos fuerte. Desde este punto de vista

¿acaso no todas las personas estamos afectadas por alguna conducta dependiente?

“Es probable que la mayoría de nosotros padezca alguna adicción. No es tan fácil dividir el mundo entre adictos y no adictos. Más bien parece tratarse de una línea continua que va desde la “normalidad”, hasta las adicciones altamente destructivas. Vivimos en realidad en “una cultura adictiva” que critica y señala lo mismo que provoca”

Washton y Boundy

Hablamos de Dependencia cuando la conducta adictiva se instala en el estilo de vida, convirtiéndose en imprescindible para el desarrollo de las actividades cotidianas: aquí comienza el enredo de la adicción.

La conducta adictiva tiene determinadas consecuencias limitantes que se dan frecuentemente juntas, aunque en algunas adicciones puede darse sólo una de ellas:

  • Dependencia física: el organismo se ha habituado a la alteración química que provoca la adicción, de manera que necesita ese estado para funcionar con normalidad. Si bruscamente se retira la sustancia o se interrumpe la conducta adictiva, aparecen reacciones físicas y psíquicas que se conocen como síndrome de abstinencia.
  • Dependencia psicológica: significa que la persona ya no puede sentirse bien o relajada sin ejecutar la conducta o utilizar la sustancia. Busca en ello efectos de euforia, relajación o estimulación. Este mecanismo tiene poco o nada que ver con el cuerpo, pero mucho con los sentimientos de temor, dolor, vergüenza, culpa, soledad, ansiedad… En estos casos, la adicción sirve para olvidar problemas y conflictos que no han sido gestionados.
  • La tolerancia es el mecanismo fisiológico por el cual se hace preciso aumentar la frecuencia e intensidad de la conducta o la dosis de la sustancia consumida para obtener los mismos efectos que se tenían al inicio. Está detrás de la espiral de intensificación de la adicción.

Cuando hablamos de adicciones, de forma espontánea aparece en nuestra mente la adicción a sustancias psicoactivas. Tendemos a asociar la adicción exclusivamente con la dependencia a las drogas; de esta forma, podemos pensar que nosotros no tenemos nada que ver con ello, y que este trastorno no está presente en nuestra vida. Sin embargo, el término adicción abarca mucho más que la dependencia a una sustancia determinada. A medida que conocemos en mayor profundidad lo que significa e implica una adicción, es posible que descubramos en nosotros algunas señales que nos hagan sospechar que este territorio no nos es del todo desconocido.

A modo de visión panorámica, podemos citar algunas adicciones que, quizás, nos indiquen que estas cosas “también nos suceden a nosotros” o a personas de nuestro entorno. Aunque la lista podría ser mucho más larga, al menos podemos considerar las siguientes adicciones:

  • Al alcohol u otras drogas psicoactivas: nicotina, cafeína, opiáceos…
  • A los psicofármacos: ansiolíticos, hipnóticos…
  • A las relaciones interpersonales: dependencia, codependencia…
  • Al sexo.
  • Al juego incontrolado.
  • A las compras y los gastos desenfrenados.
  • Al trabajo, al estudio, a los cursos…
  • A la actividad continuada, a estar siempre “haciendo algo” de forma exagerada.
  • A las tecnologías: móvil, internet, redes sociales, juegos online…
  • A ciertos alimentos: chocolate, azúcar…
  • Al golpe de adrenalina: riesgo y excitación permanentes.
  • A la pseudo-espiritualidad: fanatismos, integrismos, sectas, rituales…
  • A la actividad física: vigorexia, excesivo cuidado del cuerpo.

Una forma de categorizar las conductas adictivas dependientes consiste en diferenciar entre la adicción a determinadas sustancias y las adicciones conductuales, aunque ambas son, en esencia, similares:

  • Llamamosadicciones a sustancias a aquellas en las que una sustancia llega al cerebro a través de la sangre y produce cambios químicos en su forma de funcionar. Estos cambios producen la adicción. Ejemplos de sustancias adictivas son el tabaco, el alcohol, la cocaína, el azúcar, el cannabis, la heroína o ciertos fármacos.
  • Llamamosadicciones conductuales a aquellas en las que determinadas conductas estimulan al cerebro de una determinada forma, produciendo una serie de cambios en su forma de funcionar que llevan finalmente a la adicción. Entre las adicciones conductuales encontramos la ludopatía, la adicción al sexo, la adicción al gasto compulsivo o exagerado, al trabajo o a la actividad frenética, la adicción a internet o a los móviles. En esta categoría también conviene tener en cuenta la dependencia emocional como un tipo de adicción conductual.

Se trate de adicciones conductuales o bien de adicciones a sustancias, cabe subrayar que las pruebas de neuroimagen, es decir, aquellas pruebas que nos brindan una imagen de la actividad neuronal, muestran alteraciones similares en prácticamente las mismas zonas del cerebro.

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