Cómo superar las adversidades y salir fortalecidos  

Ya en el siglo XIX, Concepción Arenal, abogada, escritora y humanista gallega, escribía “el hombre que se levanta, aun es más grande que el que no ha caído”. Esta frase apela a la resiliencia, una capacidad que ha permitido al ser humano superar guerras, hambrunas, pérdidas y otras tantas vivencias traumáticas. Se trata de circunstancias que nos han dejado cicatrices, al tiempo que nos han fortalecido a lo largo de la historia. Se puede decir que la Humanidad no habría evolucionado sin la capacidad de la resiliencia.  

Nuestras “caídas” no tienen por qué hundirnos, y aún menos avergonzarnos: en cada uno y una de nosotros late la capacidad de ser resilientes. Podemos recomponernos tras las tormentas de la vida y superar la adversidad. Podemos convertir el obstáculo en “fertilizante” de una vida con un sentido más amplio y profundo. Si has enfrentado adversidades y en tu corazón quedan cicatrices que aún duelen a veces… Si sientes haber madurado y crecido con ello, tú también eres resiliente.    

La resiliencia  

Dice José María Doria sobre la resiliencia:  

El “grial” o epicentro nuclear del proceso de acompañamiento terapéutico es el de potenciar en el otro su capacidad de recuperar el estado de armonía original.   

Pareciera que la naturaleza nos ha diseñado para aprender a través de los errores, algo que conlleva a menudo dolor, pero que también nos ha dotado del potencial de recuperar nuestro estado de salud integral. El error, la pérdida o el obstáculo duelen, pero al mismo tiempo nos fortalecen y brindan valiosos aprendizajes.   

La resiliencia es el proceso por el que desplegamos las fuerzas curativas de nuestra naturaleza, tras haber vivido la rotura, haber sido heridos y haber enfrentado las dificultades de la travesía vital.   

En el Diccionario de la RAE, la resiliencia es definida como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.  

En el campo de la física y la química, la resiliencia se define como la capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido. También designa la capacidad del acero para recuperar su forma inicial a pesar de los golpes que pueda recibir y a pesar de los esfuerzos que puedan hacerse para deformarlo.  En su origen latín, el término resiliencia significaba «saltar y volver a saltar», «recomenzar» 

Los seres humanos contamos, potencialmente, con la misma capacidad del acero: podemos adaptarnos positivamente, a pesar de haber vivido situaciones traumáticas o adversas; es posible retornar a nuestra forma original, aunque las capas de nuestra identidad-persona hayan sido dañadas.  

 

La belleza de nuestras cicatrices 

Existe una práctica japonesa que representa una bella metáfora de la resiliencia: es el arte del Kintsugi 

Esta práctica consiste en reparar objetos de cerámica rotos, tales como jarrones o platos, con resina de oro. Cada grieta se convierte en una “cicatriz curada” con oro. El objeto deja de ser perfecto, pero ahora reluce una belleza especial: la belleza de lo auténtico.   

En ocasiones, los seres humanos somos como esos jarrones de cerámica rotos: tras una pérdida u otra vivencia dolorosa, nos sentimos como un objeto troceado; arrastramos nuestro propio “saco de trozos rotos”, hasta que iniciamos el arte de la reconstrucción. 

Cuando hacemos este proceso con amor, es como si reuniéramos los trozos desperdigados de nuestro corazón y los uniéramos con resina de oro.  Cada grieta deviene un bello hilo de oro, cada trozo encuentra su lugar… Y podemos volver a sentirnos íntegros. Recuperamos así nuestra completitud original.  

Lo íntegro posee la cualidad de la completitud. Y es que, en lo esencial, somos íntegros –es decir, completos–, aunque en la travesía de vida a veces perdamos la consciencia de lo que somos y siempre fuimos, ese sustrato esencial que no puede ser dañado por ningún trauma.  

Cuando “recogemos los trozos” y curamos nuestras heridas tras la tormenta, en realidad estamos volviendo al núcleo esencial, ahora más fortalecidos y con un mayor aprendizaje tras haber atravesado los obstáculos y haber abrazado el dolor.   

  Firmes como la montaña, flexibles como el junco  

La resiliencia requiere de una gran flexibilidad, así como de una profunda capacidad de aceptación de lo que la vida depara. Honrar las heridas es recordar que cada una de ellas es un “maestro”, y que cada error es un aprendizaje de vida.   

Todo ello nos habla del estado de Confianza, con mayúsculas; es decir de aquella confianza que va más allá de nuestra “pequeña voluntad”. La Confianza Transpersonal brota de la sintonía con el sentido profundo de la existencia.   

Al entregarnos con confianza al proceso del vivir, en realidad estamos apelando a una inteligencia que va más allá de nuestra propia capacidad de controlar el devenir.  

Aceptar, como sabemos, no significa rendirse o resignarse; en realidad, la aceptación es lo opuesto a luchar o negar lo ocurrido. Aceptar significa estar abiertos al devenir, sabiendo que cada vivencia contiene un valioso aprendizaje.   

  

Tus fuerzas naturales, las que están dentro de ti, serán las que curarán tus enfermedades  

Hipócrates  

  

Nuestra capacidad de crecimiento y desarrollo es infinita: desde que nacemos hasta que morimos no cesamos de desplegar nuestros potenciales. Confiar en nuestra naturaleza es confiar en nuestra innata capacidad de mejora continua.   

Aquellos momentos en los que dudemos de que realmente dicho potencial esté desarrollado en nosotros, podemos respirar hondo, al tiempo que volteamos la mirada hacia dentro…  

Si nos relajamos en la incertidumbre, tal vez nos encuentre la confianza por la que trasmutar el dolor y el miedo en la confianza de que “saldremos de esta” reforzados e, incluso, con alguna cicatriz añadida que más tarde sellaremos con oro. 

 

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Escrito por:


Darina Nikolaeva 

Psicóloga Transpersonal