Hay crisis tan grandes que se pasan en la vida que rompen todas nuestras creencias previas. Momentos de gran ansiedad por la incertidumbre del futuro. Momentos de vacío que pueden llegar a ser fértiles si, al salir del natural estancamiento, salimos a la vida en busca de un sentido mayor.

Puede llegar entonces a nuestras manos el libro indicado, una conferencia, atrevernos a ir a algún taller grupal de desarrollo personal o apostar por algún tipo de formación. Detrás de cada una de esas puertas hacia la trascendencia se halla el impulso de la vida hacia la ampliación de consciencia. Buscamos tras ciertas palabras de sabiduría que tocan nuestro corazón en el momento adecuado, algún tipo de renacimiento. Dejar atrás nuestra obsoleta forma de ser y abrirnos a lo nuevo, anhelando alguna actualización de nuestro programa mental.

El buscador se activa en busca de nuevas experiencias de transformación. Buscamos volver a sentir la vida y confiar en ella. La visión de todo cambia, y es posible que en un camino espiritual todo cobre un nuevo sentido. Demasiado sentido. Cuando uno ve señales en todo puede acabar necesitando haloperidol, se abre una puerta a lo psicótico, a la pérdida de contacto con la siempre dolorosa realidad. Nuestras heridas del periodo mítico-mágico se activan, y nos sentimos vivir en un mundo de ensueño en el que todo resulta coherente.

Es cuando vienen las primeras señales de que no todo encaja, caemos fácilmente en el fundamentalismo de defender a capa y espadas nuestras recién incorporadas creencias. No queremos volver a caer en la inseguridad y en la incertidumbre. Pero a nivel mental las cosas no encajan, y vuelve a surgir el conflicto y la hostilidad. Podemos caer en la adicción a la autoayuda, que se vende como aquellos antiguos libros de caballerías. Lo mágico y romántico sigue vendiendo, ante la sed de trascendencia de este “frío y gris mundo racionalista”.

Sin embargo, en algún momento dado, tras pasar por toda la complejidad que necesita la mente para dar el gran salto, nos da sed de silencio. Necesitamos encontrar las respuestas en un nivel que realmente esté más allá del mental. Se abre entonces la puerta del corazón, y encontramos la llave del presente.

En lo transpersonal uno se siente alineado con un gran propósito que acepta no saber. Hay pistas del gran diseño inteligente en el que se incorpora nuestra pequeña voluntad. Se siente la liberación de la parte personal, la libertad de aceptar esa gran voluntad, realmente desconocida para la mente pequeña.

Hay atisbos e intuiciones que son suficiente para generar certeza en cada paso, aunque no necesitemos saber ya a dónde conducen. Se confía que, a un lugar bueno por ser de mayor conciencia, pase lo que pase.

En el “no saber” transpersonal hay una sonrisa de aceptación, se encuentra belleza en esa ausencia de comprensión del pequeño sentido vital de cada uno, en lugar de angustia existencial.

Mientras hay certezas en el corazón, uno se siente cada vez más cómodo en los “quizás” en los que comienza a poder instalarse la mente. Se acepta vivir con incertidumbre esta pequeña vida.

“Oh amigo, ¿adónde vas?, ¿de dónde vienes y qué debes hacer? Perteneces a la Verdad suprema, pero has olvidado tu origen” Swami Muktananda

FORMACIONES