Eran casi las dos de la tarde, él acababa de terminar la segunda meditación del día; la postura erguida todavía resonaba en su cuerpo… Vibraba.

 
En unos minutos tendría una tutoría con su alumno de Mindfulness; un acompañamiento con otro ser humano, un compartir sagrado con la conciencia que se abraza en una hermosa melodía con el otro.

 
Se encontraba mirando frente al gran ventanal del salón; los rayos de un hermoso sol de enero entraban y hacían transparentes las hojas de una bonita planta frente a él.

 
De pronto, todo se llenó de luz dorada. La habitación entera irradiaba una luz que lo bañaba todo; una luz que todo lo abarcaba y envolvía, y que lo hacía sentir como si flotara… 

 
Se quedó observando la escena; parado, inmóvil, atento a ese escenario hermoso lleno de luz y belleza. Se sumergió en lo profundo, sintiéndose «placentero» de poder contemplar ese momento, de poder darse cuenta de la belleza del instante y de mirar con la mirada del niño que se sorprende con cada gesto…

Le llegaban los aromas del viejo maestro. Ese viejo maestro que repetía una y otra vez con alegría y firmeza:

Mente de Principiante, Mente de Principiante
La Mente de Principiante que contempla con reverencia la Belleza; que lo ve todo como por vez primera, sin anticipar el recuerdo; instante a instante, cual gota de rocío que brota del corazón de la mañana.
Siempre el cuenco vacío…

 

 

Él se preguntaba: ¿Habría más leguaje que el de la Belleza para expresar la conciencia? 
 
En ese momento, en ese lugar, era como se expresaba… ¡Belleza!… La belleza del momento presente y la grandeza del darse cuenta. 
 
Una pausa, una honda respiración, la mirada atenta hacia adentro…  Dentro, muy dentro; hondo, muy hondo… Allí estaba la clara luz de la Belleza

 

¿Acaso se puede ver fuera aquello que no se hubiera descubierto dentro? ¿No es aquello el reflejo de lo interno?

 

 

Una vez más, el viejo maestro resonaba en él con la misma fuerza, con el mismo aroma de la pared enfrentada en la temprana madrugada del silencio.
¡Aquí! ¡Ahora! ¡En este momento! En lo cotidiano de este día de sol de invierno. 
 
El viejo maestro… 

Escrito por:

Manuel Rodríguez

Manuel Rodríguez Tutor Consultor de Mindfulness