Una insospechada fuente de energía para afrontar las demandas de los nuevos tiempos

 

Numerosas universidades de todas las latitudes vienen desarrollando y publicando en los últimos tiempos los alcances de sus indagaciones neurológicas en torno al ejercicio de la meditación. Las trascendencias compartidas no han dejado a nadie indiferente hablando del lóbulo frontal, la ínsula, la amígdala, el “chorro” de emociones positivas, la no-reactividad, los índices de felicidad y el aumento de tamaño de la masa gris.

Sitios y más sitios web, asépticamente convincentes, encharcan la red para que cualquiera con sano escepticismo, dé respuesta a su curiosidad saliendo de la desorientación del sentido de vida, la ansiedad y el distrés cotidiano, o el ruido que ensordece cada rincón de nuestros núcleos urbanos, también resto de espacios compartidos y sobre todo nuestros cerebros.

Y es que, ante tales evidencias, ya no va a resultar exagerado considerar esta aparentemente inocente práctica como la verdadera “medicina” que nos permita desplegar las capacidades internas que nos demandan los tiempos presentes.

La meditación es, actualmente comprendida por quienes la investigan, como una medicina universal de pacificación interior. Este admitido patrimonio de la humanidad, lejos de creencias recientes, no es una práctica que nos aleje de este mundo, ni algo incompatible con las pragmáticas mentes que se baten el cobre a diario “ahí fuera”. Esta práctica favorece a ensanchar una mirada más compasiva del mundo, una visión integradora, esencialista y transversal que incluye desde la conciencia de la biosfera, hasta los ámbitos de la economía y del moderno mundo cotidiano.

Nadie iba a decir que la cultura del silencio tendría la llave de la apertura del corazón. Tampoco sospechábamos que una inofensiva gimnasia de la atención iba a suponer tal fuente de energía, empleada cotidianamente por brokers de Wall Street, equipos gestores de las grandes multinacionales, profesionales sanitarios, educadores, deportistas de élite que baten récords y otros muchos amateurs del ejercicio físico y aspirantes cotidianos a “vivir atentos.”

La popularización de la meditación es, más allá de cualquier práctica con orientación ideológica, en realidad, una muestra del anhelo de vivirnos en un mayor estado de paz y serenidad, al tiempo que el reflejo del compromiso con el desarrollo y la expansión de la autoconsciencia.

Instructor de Meditación

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