La Educación ha buscado su excelencia generación tras generación, tratando de mejorar los medios para atraer la atención de los estudiantes. Se han sucedido de forma vertiginosa en los últimos siglos metodologías y pedagogías centradas en el objetivo de presentar de forma atractiva los contenidos, cambiar las temáticas que son objeto de estudio o involucrar de forma más participativa a los alumnos en la construcción de su conocimiento.
 

La educación formal se coloca así en una situación de estrés permanente, al tener que competir con la saturación producida en este mercado de información en el que se ha convertido nuestra cultura. Inmersos en ella, nuestra atención se vuelve cada vez más fugitiva y adicta a la estimulación, y se hace por tanto cada vez más dispersa y pasiva.
 
En esta adicción a la estimulación informativa, los niños cada vez se aburren más y se sienten más inquietos. Demandan aumentar la dosis de estimulación, habituándose rápidamente a las innovaciones educativas. Profesores y padres, acabamos gritando desesperadamente para pedir un poco de tranquilidad y algo de atención. La clave para salir de este círculo vicioso de insatisfacción constante, de la sensación de que quizás nos estemos perdiendo algo, parece ser aprender aquello que nadie nos enseñó: cómo prestar atención. Éste es el objetivo de Mindfulness en Educación; sólo aprendiendo a atender podremos estar capacitados para enseñar a atender.
 
Actualmente disponemos de las direcciones prácticas para que la educación dirija su mirada al proceso de la atención. En nuestra propia revisión e integración de los fundamentos de la Educación Mindfulness contemplamos:
• Aprender a calmarse. La competitividad, la exigencia y los altibajos emocionales producen un ruido de fondo desde el que resulta más difícil mantener la atención. En los deportes podemos apreciar claramente cómo la inquietud tiende a traducirse en un incremento de errores y en pérdida de concentración.
• Aprender a enfocarnos. Saber dirigir la atención y mantenerla a pesar de las distracciones. Saber priorizar qué información es importante y desatender la irrelevante.  
• Aprender a comprender. Una atención enfocada permite tomar en cuenta más elementos y perspectivas, para llegar a conclusiones menos limitadas y egocéntricas. Aprendiendo a dar significado a nuestras experiencias aprendemos a dar sentido a nuestra vida.
• Aprender a responsabilizarse. Atender implica ver más claramente las consecuencias de nuestras acciones y reconocer cómo somos mutuamente interdependientes. Si no aprendemos a atender, tenderemos a reaccionar de forma automática e impulsiva.
Mindfulness en educación aporta las bases para que los alumnos aprendan a calmarse y enfocarse, aumentando su nivel de comprensión y responsabilidad. Cuatro músculos atencionales que se ejercitan a la vez retroalimentándose.
 
“La facultad de retrotraer voluntariamente una atención fugitiva, es la verdadera raíz del juicio, del carácter y de la voluntad (…) Una educación que mejorase esta facultad sería “la” educación par excellence. Pero es más fácil definir este ideal que dar direcciones prácticas para realizarlo.”
William James, 1880

Extracto del Curso de Educación Minfulness para niños/as y adolescentes de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal

Quizá te interese nuestra formación en:

Educación Mindfulness Transpersonal