Vivimos en un mundo de constante ruido, externo e interno. A veces, este ruido nos impide ver lo que Somos en esencia.  

Perder la esencia es como perder la brújula. ¿Cómo nos vamos a orientar a lo largo del viaje –que es la vida– sin nuestra íntima brújula? ¿Qué legado dejaremos a los que nos siguen si perdimos nuestra brújula?  

Nunca es tarde para recuperarla y entregarla a los más pequeños y jóvenes, como el más preciado de los regalos que les podemos hacer. 

Perder el centro 

Las tecnologías y los medios de comunicación, si bien nos hacen la vida más fácil, también pueden convertirse en “obstructores de la paz”.  

Cuando utilizamos las tecnologías desde el “piloto automático” de la inconsciencia, nos descentramos con facilidad, es decir, perdemos nuestro centro.  

Por otro lado, la cantidad de información diaria que recibimos a veces nos genera “indigestión”.  

Con todo esto es fácil que perdamos nuestra calma y paz interior. Cuando esto sucede, la incertidumbre gana el terreno y nos bloqueamos con facilidad. 

Este sentir lo trasladamos a los niños. Ellos, ante tal magnitud de adultos nerviosos frenéticos por una vida que va demasiado deprisa sin tiempo para ellos, nos siguen desconcertados y sin comprender qué ocurre.  

 

Reconocer las señales de alarma

Sucede entonces que, la única forma que encuentran para “hacerse ver”, es a través de conductas que llamen la atención de los adultos. En el fondo, lo que quieren es que nos paremosles escuchemos y los atendamos. 

Nos alarmamos ante estas conductas de nuestros hijos o educandos, que pueden ir desde la dispersión o incluso la hiperactividad, hasta problemas emocionales que no saben cómo gestionar, y que manifiestan a través del enfado o el encerramiento en sí mismos.  

Si queremos comprender la raíz de estas conductas, tendremos que propiciar espacios de comunicación. La comunicación significa mostrar interés hacia el otro: es un interés genuino hacia su mundo interior.  

 

El cambio hacia una Educación Consciente comienza en uno mismo 

Esto requiere de un cambio profundo en nosotros mismos, los adultos. Un cambio para saber parar cuando haga faltaparrespirar conscientes y para aprender a atender nuestras señales internas, así como las de los más pequeños.  

Basta con aprender a estar con nosotros mismos; cuando lo hacemos, los pequeños aprenden a hacerlo de una forma natural.  

Este “estar con nosotros mismos” significa, ni más ni menos, «ESTAR PRESENTES«. 

Podemos preguntarnos: ¿Cómo, si no tengo tiempo? 

Es algo tan sencillo como aprender a prestar atención al acontecer de nuestra vida. Prestar atención significa estar plenamente en lo que estamos viviendo, con toda la consciencia reunida en este instante que estamos viviendo… Y en el siguiente, y en el siguiente… 

 

Hacia la Educación Consciente 

Son muchas las herramientas que podemos aplicarpero finalmente estas herramientas derivan en un camino de Silenciación, Meditación y de Escucha atenta (tanto interna y externa).  

Estos tres pilares potencian el estar presentes y atentos a lo que los pequeños de nuestro entorno precisan 

Tal vez pensemos que necesitan muchas cosas, pero lo que más agradecen es la PRESENCIA la ESCUCHA atenta 

Comer juntos sin televisión ni móviles cercanos, leer un cuento o crear una historia inventada antes de dormir, buscar tiempo para pintar, cantar y reír juntos, escucharlos, etc. Este tipo de espacios pueden convertirse en una manera hermosa de generar vínculo entre adultos y pequeños. Y el vínculo es, en este caso, la base sólida sobre la que construir una Mente Feliz, es decir, una mente capaz de mantener la calma y la paz aún en medio del inevitable ruido. 

Desde la Escuela de Desarrollo Transpersonal creemos que esto es posible y por ello ofrecemos a nuestros alumnos la oportunidad de vivir un camino de autoconsciencia. Esta experiencia es beneficiosa tanto para uno mismo, como para sus hijos y/o educandos.  

Creemos que la Educación consciente parte de cada educador adulto. Cuando somos nosotros mismos quienes primero atravesamos muros y miedos, y nos tornamos íntimos amigos de nuestra mente y emociones, descubrimos que en lo profundo de nosotros hay un núcleo de serenidad y sosiego.  

Entonces podemos también ver ese núcleo en cada niño. Desde esta consciencia, se hace posible ayudar los niños a atravesar sus muros, sus miedos y lanzarse a la Vida con una mayor Calma, Enfoque, Comprensión y Responsabilidad.  

A través de prácticas adaptadas a cada etapa evolutiva, es posible iniciar a los más pequeños en aprendizajes que les servirán de por vida.  

Se trata de aprendizajes, tales como la autoobservación de los propios pensamientos, la gestión del conflicto o el reconocimiento de las emociones.  

Es en la infancia cuando se siembran las semillas de una mente feliz. Estas semillas darán lugar a sólidos y frondosos árboles en el futuro.  

Y cuando en un futuro miremos al bosque, sabremos que antaño contribuimos, porque descubrimos en nosotros esa misma semilla que luego sembramos. 

 

Redactado por:

Raquel Del Val 

Atención al Alumno – Área de Educación Mindfulness

¿Deseas profundizar en esta temática?

Educación Mindfulness

EDUCACIÓN MINDFULNESS EN CENTROS EDUCATIVOS (PROGRAMA CENCORE)