Aunque aparentemente haya acciones específicamente relacionadas con el ámbito de lo Terapéutico, y otras con el de la Meditación, en realidad ambas, Meditación y Terapia, convergen en su propósito profundo.
En este artículo profundizaremos en el punto de convergencia entre la práctica de la Meditación, propia de la Cultura del silencio y la contemplación, y la Respiración Holoscópica®, técnica terapéutica basada en la hiperventilación.
Observar el juego del ego
¿Cuándo has tenido la última vivencia de “dar un paso atrás” y observar a tu mente pensar?
La meditación es una práctica mediante la que nos detenemos y adentramos en un estado de silenciación contemplativa. Nos “colocamos” en eso que se da cuenta y observa. De esta forma, el silencio no sólo se manifiesta en la ausencia de palabras, sino en el ensanchar la mirada y aquietar el discurrir de las ideas. La meditación es la gimnasia de la consciencia en el ahora, como práctica que dinamiza el “salto evolutivo” que conspira la Inteligencia Vida. En realidad, la meditación “hornea” al yo psicológico, que progresivamente se integra y unifica.
El pensamiento vive entre el pasado y el futuro, es decir, entre el recuerdo y la anticipación que le dan existencia. Sin embargo, lo atemporal del momento presente pertenece al ámbito de la consciencia. Cuando nos sostenemos en el ahora, somos en la presencia, trascendemos el pensamiento y comprendemos que solo existe el ahora. Si indagamos en la naturaleza del sufrimiento, comprenderemos que éste es un añadido al dolor natural de la vida, generado por las resistencias. La incertidumbre y el miedo son constructos del plano mental basados en memorias. Por su parte, la memoria de dolor proyectado al futuro se convierte rápidamente en amenaza.
La consciencia y el amor van juntos e inseparables: vivirnos en la conciencia amorosa pone fin al sufrimiento y a su inercia. Este amor es el sí primordial que abraza lo que hay de manera creativa y compasiva. Por ello, al entrenarnos en la práctica contemplativa, cambiamos nuestro anclaje interno y dejamos de vivir desde el miedo y la resistencia. Al observar “el juego de nuestro ego”, basado en protestas y dramas, devenimos capaces de desarticular el entramado que nos victimiza. Saber aceptar lo que sucede, sin apropiarse de los hechos que meramente ocurren, nos abre las puertas a la visión lúcida.
“Meditar es tocar el corazón de quien contempla” Tradición zen
Un viaje hacia nuestra esencia por senderos invisibles
¿Has vivenciado alguna vez una sesión de hiperventilación?
La Respiración Holoscópica es una práctica de gran valor, no sólo terapéutico, sino también de sentido y dirección existencial. Esta técnica está basada en respirar profunda y rápidamente, empleando toda la capacidad torácica y abdominal. Esta particular forma de respirar tiene efectos no sólo fisiológicos, sino también psicológicos y emocionales.
La respuesta orgánica se refleja en una disminución de frecuencia de las ondas cerebrales que permite acceder con mayor facilidad a las “capas” del subconsciente y del inconsciente en las que se hallan nuestras experiencias olvidadas, rechazadas o reprimidas. Además de la “reparación mental”, las investigaciones apuntan a que, con la ralentización de las ondas cerebrales, conseguimos la aparición de comprensiones o soluciones diferentes a las que accederíamos en el estado habitual de vigilia. Se puede decir, por tanto, que durante una sesión de Respiración Holoscópica hacemos “un viaje” a lo profundo del inconsciente, mientras permanecemos con total consciencia del proceso. Una vez atravesados aquellos contenidos que permanecían de alguna forma “retenidos”, es frecuente acceder a estados ampliados de consciencia.
Sabemos que resulta difícil acceder a los contenidos inconscientes a voluntad y tan solo mediante la indagación cognitiva. En este sentido, una de las mayores aportaciones de la Respiración Holoscópica es, precisamente, el hecho de que facilita el acceso a lo no consciente, un “material” que, en ocasiones, podemos tardar años en hacer emerger en un proceso terapéutico habitual. En una sola sesión de Respiración Holoscópica la persona puede sentir que se ha liberado de una gran carga de contenidos acumulados y dolorosos de los que no era consciente, pero que ejercían una gran presión en el vivir cotidiano.
“Cuando la técnica de la Respiración Holoscópica es encuadrada y conducida de forma apropiada, tiene un gran poder de resiliencia y ampliación de la consciencia. Y cuando ésta es practicada en grupo, genera un grado de sinergia tal que posibilita acceder al nivel esencial o transpersonal. Esto sucede, entre otras cosas, por la disolución de las naturales resistencias y defensas de nuestra dimensión racional, así como al clima atencional y contemplativo que se genera durante la sesión” José María Doria
Ahora el viaje prosigue hacia el inconsciente
El primer punto de convergencia con la Meditación Transpersonal se hace evidente cuando el participante se dispone a vivenciar una sesión de Respiración Holoscópica: el primer paso consiste en sentarse en meditación durante 20 minutos en los que uno, sencillamente, permanece en sí mismo, con lo que hay, con lo que es… Dejando que “su mente piense”, observa los contenidos mentales, favoreciendo de esta manera un estado de mayor sosiego y paz.
Tras los minutos iniciales de meditación, el participante es invitado a tumbarse para iniciar la práctica de la Respiración Holoscópica. En realidad, ésta viene a ser una continuación de la Meditación, solo que ahora el viaje prosigue hacia el inconsciente. Uno permanece en atención consciente, atestiguando contenidos que en ocasiones habían quedado profundamente relegados en el olvido…
Finalizado el viaje, nos sentimos más livianos, más conscientes y lúcidos: “algo” se ha recolocado e incluso sanado. En la meditación de cierre, tras la práctica de la Respiración Holoscópica, y ya sentado en postura vertical, uno se siente como un vaso de agua: de pronto, todas las partículas que antes flotaban, ahora posan al fondo. La consciencia, como el agua, se torna nítida, la visión es más clara y penetrante…
En este “viaje” consciente al inconsciente (aunque suene paradójico, la vivencia puede ser descrita a menudo como un “estar soñando, pero conscientemente”), meditación y terapia se dan la mano.
En realidad, en su base, el trabajo terapéutico tiene como propósito en palabras del psiquiatra Claudio Naranjo:
“atravesar el oscurecimiento en la percepción del ego humano, para que la expresión plena de las potencialidades de la persona pueda desplegarse”
Por otra parte, José María Doria describe con estas palabras el propósito de la práctica meditativa:
“La práctica meditativa, aunque en su ejercicio se realice en postura sedente y sin movimiento alguno, no es en absoluto pasiva, ni consiste cerrar los ojos a ‘lo que hay’. En realidad, el gran trabajo del meditador es mantener la atención y devenir consciente de lo que pasa, tanto dentro de su cabeza y de su corazón, como del llamado “afuera”.
¿Sueles abrazar cada vivencia en toda su magnitud?
La Psicología Transpersonal integra lo propio tanto del ámbito terapéutico, como del espiritual o transpersonal. En un proceso de desarrollo transpersonal se trabaja en una mayor integración de la identidad personal, a la vez que se abren puertas a la dimensión transpersonal de la existencia.
En un proceso terapéutico transpersonal, la persona despliega una mayor autoconsciencia en torno a sus conductas y hábitos, a su forma de ser hasta ese momento y a la raíz de determinadas problemáticas que vive en el día a día.
Al mismo tiempo, se encuentra con preguntas acerca del sentido de su vida, de quién es más allá de las ideas preconcebidas, de cómo puede vivir con mayor plenitud y confianza… Y otras cuestiones relacionadas con lo trascendente.
En este punto es donde precisamente se encuentran la práctica de la Meditación Transpersonal y el trabajo terapéutico a través de la Respiración Holoscópica.
Ambas prácticas se basan en el darse cuenta. Asimismo, ambas vías nos ponen en contacto con zonas internas dolorosas y, al mismo tiempo, con la necesidad de desplegar herramientas de gestión no solo de ese dolor, sino de la vida en general.
Tanto en la práctica de la Meditación Transpersonal, como en la de la Respiración Holoscópica, es condición nuclear el cultivo de la presencia: ambas vías nos invitan a aprender a permanecer en nosotros mismos, cual testigos silenciosos y amorosos. Este estar en presencia potencia importantes y transformadoras tomas de consciencia o insights.
Vemos, por tanto, que la actitud es otro de los puntos en común de ambas vías. El practicante se entrena en desplegar una actitud amorosa y acogedora hacia lo que hay. Esta actitud le permite abrazar la vivencia en toda su magnitud: con sus luces y sus sombras.
Meditación y Respiración Holoscópica, silenciación consciente y comprensión sanadora, se dan la mano para abrir vías a nuestro corazón.

