Aprender a reconocer las proyecciones

Durante esta semana te proponemos un ejercicio práctico de autoindagación, con el propósito de tomar consciencia de las proyecciones que tendemos a hacer hacia fuera.

Para comprender cómo funciona el mecanismo psicológico de defensa denominado proyección, puedes leer nuestro artículo La Autoindagación y la Atención Consciente: dos herramientas clave de la Terapia Transpersonal

Cuando nos atrevemos a mirar internamente las emociones que determinadas situaciones y personas desencadenan en nosotros, dejamos de quedarnos anclados en lo “externo” y “objetivo”. Así, poco a poco vamos aprendiendo a desenmascarar nuestras propias proyecciones.

Esta práctica, en la que podemos ejercitarnos y desarrollar en nuestro día a día, es como tirar de un hilo invisible que, cual hilo de Ariadna, nos devolverá al núcleo íntegro de nuestra identidad profunda.

Para llevarla a cabo, te invitamos a detectar aquello que te incomoda, por leve que sea, en las sucesivas situaciones e interacciones del día a día, entrenándote en la atención y la observación consciente.

Puedes seguir el siguiente hilo:

1. Aparece la emoción: deja que ocurra, siéntela en ti; trata de no la evitarla ni negarla o taparla con otra cosa.

2. Observa y toma consciencia de las expectativas que tenías con respecto a la situación. Pregúntate: ¿Qué ha originado esta emoción o sensación que siento?

3. Toma consciencia de los juicios que ha elaborado tu mente sobre la situación. Quizás, de forma automática e inicialmente desapercibida, hayas pensado: “Esto es horrible; qué mal está saliendo; esto no me lo merezco; siempre me pasan a mí estas cosas…”

4. Ahora céntrate en la emoción o sensación, al tiempo que te preguntas: “¿Qué siento? ¿Dónde me duele?…” Localiza el dolor o contracción emocional en tu cuerpo… Esa emoción, ¿te retrotrae a otras situaciones del pasado en las que sentiste lo mismo? Observa si tu mente te brinda alguna imagen, recuerdo o cualquier otra sensación que te aporte comprensión acerca de lo que ahora sientes.

Un ejemplo de esta dinámica emocional, tras la que late un patrón inconsciente y que podría servirnos de autoindagación, sería: “Me irrita que mis padres o mi pareja critiquen mi forma de ganarme la vida, cuando he elegido un “camino alternativo”.

Al aparecer la emoción de enfado o tristeza, podríamos tirar del hilo para llegar a las creencias ocultas. Para ello, podríamos preguntarnos:

¿Lo que siento, está mostrando una falta de confianza en mí y mis capacidades?

¿Me siento no reconocid@ y no valorad@; se activa en mí esa parte herida de la infancia que

necesita la valoración de los “mayores”?

Si los demás no me muestran su apoyo, ¿siento que no me quieren o que no merezco su amor?

¿La desconfianza de los demás es una manera de dar forma a mi propio miedo al fracaso?, etc….

Las respuestas sinceras y honestas a estas preguntas estarán mostrándonos nuestra propia herida y apuntarán directamente a aquello que conviene que reconozcamos. El rconocimiento es el paso previo a la integración.

Sabremos que una situación o aspecto de nosotros se ha integrado y sanado cuando deja de afectarnos: ya no despierta una emoción que nos contrae y, si vuelve a presentarse en nuestra vida, solo aflora calma interna ante dicha situación.

Todo camino empieza a recorrerse dando el primer paso; cada pequeño paso que te animes a dar en esta dirección supondrá regalarte instantes cada vez más frecuentes de conexión y felicidad, así como de profunda paz interior.

Con las herramientas adecuadas que te ofrecemos en nuestra propuesta de crecimiento a través de la Terapia Transpersonal, podrás aprender a reconocer y sanar por ti mism@ estas heridas que a menudo enturbian la plenitud de la vida cotidiana.

 

¿Te animas a descubrirlo?

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