Tanto “presente” como “atención” son sinónimos de “regalo”

 

Si quisiéramos convertirnos en maestros de autoescuela, nos aseguraríamos primero de ser buenos conductores. De la misma manera, se requiere que aprendamos a conducir en el tráfico de nuestra conciencia antes de invitar a los educandos a conducir estas “carreteras internas”.

Por otro lado, la práctica de mindfulness no es un tipo de habilidad de la que podamos decir “ya lo he aprendido, ahora puedo dedicarme a enseñarlo”. El entrenamiento en mindfulness es para toda la vida, y se requiere a la hora de facilitarlo que nuestra investigación esté fresca y viva, que reconozcamos de primera mano las dificultades que nuestra mente encuentra en el día a día a la hora de ponerla en práctica. En principio mindfulness debería ser tan sencillo como sentarse en una hamaca a no hacer nada, sin perderse demasiado en abstracciones mentales. Tan fácil y tan complicado… para nuestra inquieta mente.

 

“Conviértete en el cambio que quieres ver en el mundo” Gandhi

 

Comenzar a transitar el camino del mindfulness nos va a llevar a desenredar viejos y conocidos patrones de pensamiento, sentimiento y comportamiento, de manera que podamos reducir nuestra insatisfacción con la vida, y desechar el deseo de alcanzar una supuesta felicidad en otro lugar y momento que no sea aquí y ahora.

Cuando vivimos con curiosidad el enorme misterio que es estar vivo en este preciso instante, podemos regalar a los educandos nuestra presencia y atención. Curiosamente, tanto “presente” como “atención” son sinónimos de “regalo”. Damos el regalo de nuestra presencia atenta.

Pero antes de tratar de llegar a este estado de presencia, detengámonos a observar cómo estamos en este preciso momento. Puede que te sientas estresado ante las altas demandas y exigencias que percibes en tu labor como educador, unido a cierta sensación de aislamiento, de no encontrar suficiente apoyo y soporte en tu entorno.

Con la mejor de nuestras intenciones hemos podido tratar de regalar lo mejor de nosotros, pero si a pesar de los síntomas de cansancio seguimos ayudando a los demás sin cuidarnos y atendernos primero a nosotros mismos, acabamos exhaustos, nos “quemamos”, y finalmente acabamos desarrollando nuestra labor muy por debajo de nuestra capacidad.

 

“Una madre llevó una vez a su hija a Mahatma Gandhi, preguntándole si podría darle alguna lección sobre lo malo que era comer demasiados dulces. Gandhi replicó que debería volver en dos semanas. Cuando pasaron estas semanas, trajo de vuelta a su hijo y Gandhi le dio una charla sobre lo poco saludables que eran los dulces para el cuerpo y la mente. La madre lo apreció, pero se sintió confusa. ¿Por qué no le había contado esto hacía dos semanas? preguntó. “Bueno, en ese tiempo estaba tomando demasiados dulces”, replicó Gandhi.

 

 

Educación Mindfulness

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