A lo largo de la historia el hombre ha estado obsesionado con la fuente de la eterna juventud, con vivir más y más años. En la actualidad, en paralelo al debate sobre la cantidad de años que pronto seremos capaces de vivir, 140 según algunas teorías, surgen reflexiones que tienen que ver con los problemas que puede generar eso de alargar la vida: para el sistema, para la administración, para nuestro día a día.

La vida ya la hemos alargado. A principios del siglo veinte la esperanza de vida era algo más de 30 años para hombres y mujeres, en la actualidad supera los 80 años. Esto quiere decir que hay más tratamientos contra enfermedades que antes eran mortales y que ahora no lo son.

El avance en quitar el sufrimiento es un avance positivo, nunca algo negativo. Obviamente hay cosas que cambiarán, pero hay una fuerza que intenta entender por qué enfermamos, curar las enfermedades y vivir más tiempo sanos.

Todos nuestros genes están diseñados para mantenernos jóvenes, para que funcione todo perfecto. Lo que pasa es que el funcionamiento de estos genes va degenerando con el tiempo. La naturaleza tiene un gran abanico de longevidades, el ser humano no es ni mucho menos el más longevo, dentro de los mamíferos una ballena puede llegar a vivir 200 años, y en otras especies muchísimo más

María Blasco

Según los últimos estudios parece que después de tantos años de reflexión la respuesta puede estar en los telómeros. Los telómeros son estructuras que protegen nuestro material genético, qué es lo más importante, es donde está la información.

Una extendida analogía dice que los telómeros son como el plástico del final del cordón de un zapato. El plástico en sí mismo no tiene mucho valor, pero es muy importante su función, que es evitar que el cordón se deshilache. El cordón es el material genético, el ADN, y los telómeros tienen esta función protectora esencial.

El caso es que la vida está diseñada de tal manera que estos plásticos del cordón se desgastan conforme vivimos y nuestro organismo tiene que regenerarse. Cuando los telómeros son muy cortos esto desata el envejecimiento y llega la enfermedad y en última instancia la muerte.

Está demostrado que el desgaste de los telómeros puede ser causa de dolencias como el alzhéimer, la diabetes y enfermedades cardiovasculares.

En contra de lo determinado hasta hace poco como un acortamiento irreversible, gracias a trabajos recientes como los de Elizabeth Blackburn sobre la telomerasa, sabemos que se puede frenar el desgaste, incluso hacer crecer los telómeros. La telomerasa es una enzima formada por un complejo proteína-ácido ribonucleico con actividad polimerasa que está presente en células de la línea germinal, en tejidos fetales y en ciertas células madre poco diferenciadas.

En general los telómeros se acortan con el paso del tiempo, y esto depende de muchas variables. La genética es uno de ellos pero, estadísticamente, tienen más que ver en el deterioro los efectos de los acontecimientos a lo largo de la vida.

La gestión del distrés, la alimentación consciente, la actividad física y el debido descanso suponen significativas consecuencias en la longitud de nuestros telómeros. Contamos ya con evidencias a nivel celular de la conexión entre mente y cuerpo y de la influencia del estilo de vida en la enfermedad.

Podemos decir que todo aquello que mejora nuestra salud conserva nuestros telómeros, pero otros factores como el entorno donde uno vive también influye: vivencias abusivas, traumas psicológicos, incluso sentimientos contractivos como el pesimismo

Doce minutos de meditación diaria sirven para mantener la salud de nuestros telómeros

Elizabeth Blackburn

La meditación es un estupendo aliado, recomendado por multitud de profesionales, para aliviar el ruido mental, manejar las situaciones de estrés y salir del bucle del sufrimiento. Ya contamos con estudios que mantienen que la meditación diaria en personas con estrés crónico ayuda a mantener los telómeros.


El círculo virtuoso es que al autocuidarnos sabemos que nuestros telómeros están en mejor forma, esto nos lleva a una vivencia más optimista y estas estructuras que preservan nuestro material genético se conservan mejor.

Así las cosas, podemos pensar que el envejecimiento no está previsto en la evolución, de modo que tenemos margen de mejora en la esperanza de vida de nuestra especie sin aplicar nada de lo que ahora estamos descubriendo. Pero quizá la prioridad no sea tanto batir un récor de supervivencia, como vivir sanos cuantos más años posible. Y eso parece conseguirse entendiendo el proceso de envejecimiento, perseverar en el entusiasmo por y para la vida y alargar nuestros años saludables.

Es cierto, los beneficios de la meditación son realmente sorprendentes, y a medida que la ciencia lo investiga con más profundidad, más beneficios aparecen. Además de este “hilo científico del que tiramos” en este artículo, podemos ampliar ya tanto como queramos sobre investigaciones publicadas.

La meditación transpersonal está muy relacionada con la silenciación. En realidad, meditar o silenciarse no es lo difícil, lo difícil realmente es querer silenciarnos. Lo difícil es querer meditar.

Meditar es una experiencia en la que solemos encontrar ruido e identificación, al menos en nuestros primeros pasos. Pero de pronto, sucede eso tan bonito y sutil, y entramos en una ahoridad bella y grata, en donde no hay sufrimiento, en donde hay presencia, en donde hay ahora.

La meditación es una experiencia fundamentalmente amable y amorosa. Tras todo el rigor que tiene en sus raíces basadas en el Zen, la meditación transpersonal, conlleva una mirada compasiva, que incorpora la dimensión de nuestro silencio, la conciliación, la inclusión, el perdón y todo aquel deseo que tiene el corazón de que los demás sean felices. Siéntate, practica y deja que el agua turbia poco a poco vaya bajando el poso, y se quede transparente.

Habrá días que digamos que estamos fenomenal por la meditación y otros que pensemos que por más meditadores que seamos cometemos errores, “repetimos asignaturas” y nos desesperamos. Esto forma parte del gran juego. Nos sentamos todos los días porque nuestra parte racional necesita evaluar y saber que lo está haciendo a cambio de algo pero, además, en nosotros hay algo rendido que dice me siento porque me siento, respiro, contemplo, y punto …

El pensamiento ilustrado racional nos liberó de supersticiones y de “magias antiguas”, pero el mundo “se queda chato” cuando sólo hay pensamiento y cognición.

¡Qué interesante es que en el mundo haya mucha vanguardia!

 

Vanguardia como tú, vanguardia como esta Escuela que apuesta por aumentar sus propuestas de capacitación sin abandonar el apellido transpersonal que las acompaña y titula, señalando la dimensión contemplativa de la existencia.

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