Las personas nos retroalimentamos constantemente dando y tomando los unos de los otros. Los sistemas también buscan el equilibrio entre dar y recibir, incluso a través de las generaciones. El intercambio no alude solo a lo material, sino a la interacción en sí misma que se da en las relaciones. Constantemente estamos “recibiendo” algo de los demás, o bien “dándoselo”: un consejo, una buena palabra, un desaire, dinero, un silencio, afecto, un insulto, etc.
La medida de lo que será equilibrado o desequilibrado vendrá definido por el tipo de vínculo, sabiendo que la relación que se da entre amigos no es la misma que la existente entre hermanos, o la que se da entre padres e hijos.
En el caso de las relaciones paterno–filiales, la cuestión del equilibrio entre lo que se da y lo que se toma será clave para el equilibrio en la vida. Los progenitores son dadores de vida y esta es su condición por el hecho de haber concebido un hijo. Este idiosincrático equilibrio entre padres e hijos está basado, paradójicamente, en un importante “desequilibrio” de base. Pero este orden, en ocasiones, es transgredido cuando un hijo intenta dar a sus padres algo que no le corresponde a él darles. Un ejemplo de ello sería el intento de un hijo de amar maternal o paternalmente a sus padres. Al hijo no le corresponde querer a sus padres de esta manera. Ellos tienen, respectivamente, su propia madre y su propio padre: una línea que viene determinada por el orden de llegada a la vida y que, a su vez, determinará qué es lo equilibrado en cada vínculo particular.
En el caso del vínculo entre hermanos, lo equilibrado viene dado por la interacción entre iguales, al tiempo que se respeta el lugar de cada uno. En algunos casos, se observa cómo este equilibrio se rompe cuando uno de los hermanos se comporta como madre o como padre de los demás hermanos, o bien porque uno de ellos disputa el lugar de otro.
Por último, el equilibrio en la pareja se hace posible cuando se dan dos condiciones esenciales: se prioriza al sistema conformado con la pareja actual, éste nuevo sistema tiene prioridad incluso con respecto al sistema de origen de cada uno; y la relación con el otro es de igual a igual: la pareja no es considerada como a un hijo o hija, ni tampoco como un padre o una madre.