TRAUMA

El trauma es una herida invisible que puede marcar profundamente nuestra existencia. Sin embargo, desde la perspectiva transpersonal las experiencias traumáticas también contienen un gran potencial de resiliencia y autodescubrimiento. Cuando conectamos con dicho potencial, se hace posible transformar la rotura en crecimiento y el dolor, en amor.  

Las huellas del trauma nos invitan a recorrer un viaje interior para sanar y trascender la historia personal. En este proceso, el trauma nos impulsa a explorar la dimensión más honda y esencial de nuestra identidad: aquella que siempre fue, es y será íntegra.

En esta entrevista, Lucas Casanova, divulgador, terapeuta y experto en budismo y neurociencia, junto a Patricia Martinez Maroñas, psicóloga experta en trauma, master en psicoterapia y componente del equipo pedagógico de la EDTe, nos avanzan las claves de esta temática.

trauma Lucas y Patricia

LC: Podíamos arrancar con la definición de trauma de Gabor Mate: dice que el trauma no es lo que nos pasó, sino lo que pudimos hacer con lo que nos pasó. Podemos decir incluso que es aquello que no sucedió, que nos faltó ¿Cuál sería una definición de trauma desde la mirada transpersonal, Patricia?

PMM: ¡Gracias Lucas! Vida y trauma van de la mano. Lo transpersonal concibe el trauma, no tanto como aquello que pasó en mi vida mientras no había alguien disponible para contenerme, sino como la ruptura que en ese momento se produjo: me olvidé y me desconecté de mi esencia, porque no tenía recursos para gestionar Eso. Lo que hace entonces esta máquina humana es desconectarse de la vulnerabilidad y de la esencia que traemos para sobrevivir.

LC: Cuando entramos en ese modo supervivencia, se crea una lente, una forma de ver la realidad, que emociona más allá del hecho que nos ha desregulado. Mark Epstein habla sobre el trauma de la vida cotidiana y dice que todos los eventos pueden llevar a una respuesta postraumática: la sensación del que se quema con leche, y ve una vaca y llora o ve una vaca y saca una ametralladora. Esa es la reacción profunda de todo nuestro sistema, al tratar de garantizar la seguridad… Pero la seguridad tiene un truco: es seguridad percibida, no fáctica ¿Cómo lo ves eso?

PMM: Tenemos los grandes traumas, pero también está el trauma de la vida cotidiana, lo que se conoce como trauma del desarrollo. Este trauma lo vivimos todos porque forma parte de la condición humana. Cuando venimos a este mundo y nos hacemos a esta forma y esta persona que a cada uno nos ha tocado, hasta los dos años, vivimos en un estado total de asombro y presencia y a partir de ahí nace esto que llamamos YO, esta personalidad que necesita de los demás para crecer, sobre todo de nuestros cuidadores. Fundamentalmente es ahí cuando nacen todas las ideas de quién soy yo y cómo me relaciono con la vida y con el mundo. Necesitaríamos unos cuidados totalmente presentes, las 24 horas, y eso no es posible… Así que todos, en alguna medida, no hemos sido lo suficientemente mirados, cuidados y tenidos en cuenta. Como no tenemos la posibilidad de decir papá o mamá están muy ocupados y no están conmigo, en ese momento rompemos con nuestra conexión interna y desarrollamos toda una serie de mecanismos para sobrevivir: aprendemos a vivir en modo lucha, en modo huida, o congelarnos y dejarnos de sentir. Y vamos funcionando así, con estos mecanismos de supervivencia, hasta que empezamos este camino hacia dentro.

Desde la mirada transpersonal decimos que realmente no nos curamos del trauma, sino que este es parte de nuestra esencia y ahí va a estar más o menos siempre. Lo que sí hacemos es llegar a conocernos profundamente y así iniciar un camino, desde el que vivirnos de un modo más auténtico, más conectado … Una de las grandes medicinas del trauma es la conexión. En la medida que voy comprendiendo, puedo tener relaciones más seguras y conectadas, mi sistema nervioso se siente más seguro, pero la clave está en conectarme conmigo, con mi ser interior y me voy encontrando, precisamente a través del trauma. En casi todas las tradiciones espirituales, sean de la corriente que sean, se habla de que hay un sadhana, esto es, un camino espiritual. Un camino espiritual no se reduce a irse a un monasterio y estar dos meses meditando y comiendo verdura. El camino espiritual es, precisamente, el trauma que te ha tocado vivir, la historia que tienes, las heridas… Ese es realmente tu camino espiritual en el que puedes convertir todo el plomo en oro, como hacían los alquimistas en la Edad Media …

LC: Me encanta esto que dices sobre el trauma: es algo que no se cura. El trauma se integra y ya no nos condicionan tanto aquellas cosas que han sucedido. Aprendemos a verlas de otro modo. Yo soy sobreviviente de trauma, además de terapeuta especializado en trauma. Para mí el trauma ha sido ese combustible que me ha llevado a trabajar primero en mí y luego con otros. Es un territorio que tiene una mirada espiritual, si entendemos la espiritualidad como la conexión con algo más grande, como la conexión entre nosotros. Somos parte de una red. El trauma, en general, nos hace sentir desconectados de esta red. Las prácticas espirituales nos vuelven a reunir, a reconocernos como parte. En mi caso, mi mirada espiritual es laica, pero todas las tradiciones espirituales hablan de estos procesos catalizadores y transformadores. De poder transformar “el plomo en oro”, como hacían los alquimistas … ¿Qué herramientas propone la mirada transpersonal para poder empezar a trabajar con eso que está en la sombra?

PMM: Comprensión y presencia. Comprensión, primero, lógicamente, de mi historia, comprensión de los sucesos, comprensión de cómo tuve que aprender a sobrevivir, y para eso desconectar partes de mí y perder mi autenticidad. Hay dos grandes fuerzas en el ser humano, una es la del apego y la de pertenecer, y la otra es la de la autenticidad. Cuando somos pequeños y esas dos energías, estas dos necesidades básicas, entran en conflicto, adivinemos cuál sale por la ventana … Pues la de la autenticidad, porque como niña tengo que pertenecer como sea mi sistema y entonces empiezo a renunciar a partes de mí, a cosas que me gustan, a cosas que soy, para pertenecer. No hay culpables, todos jugamos y formamos parte de este juego de la vida. Ahora está muy de moda eso de que somos los hijos de aquellos padres que no fueron a terapia. Comprender esto es importante, comprender que, cuando fui pequeña no pude hacerlo de otra forma, ya que no tenía herramientas y tuve que sacrificar mi autenticidad. Pero la buena noticia es que hoy, como adulta, pueden convivir las dos cosas: puedo pertenecer y puedo ser auténtica. Puedo recorrer el laberinto del trauma y comprender por qué pienso y soy como soy y elegir qué siento, qué me gusta y qué me conecta. Además, poder pertenecer, que por cierto no es lo mismo que encajar. Encajar, es hacerlo donde “no nos queda otra”, y de pequeños no nos quedaba otra, pero ahora puedo elegir donde quiero pertenecer, porque si, necesitamos a los demás. Además de comprensión, presencia: esta es la gran clave de lo transpersonal, que supone hacer todo este camino “desde” un lugar de mi escondido, como un tesoro hace mucho, mucho tiempo, más allá de nuestros dos años … Y desde ahí ir poco a poco rescatado, mirar mi historia, abrazar mis heridas, que seguirán conmigo porque forman parte de mi camino. Y hacerlo con presencia.

Yo siempre he estado muy enfrentada a eso del príncipe azul y las princesas … Pero, hace poco, me reía mucho con una alumna que me decía: “¿Sabes, Patricia? Al final el príncipe azul SI existe. Es esa parte de mí que puede rescatar a esa otra que está herida, vulnerable y triste (princesa). Y enfrentarse a los traumas (dragones) que, no casualmente, la vida ha puesto en mi camino …”

LC: Escuchándote esto del príncipe azul que sí existe, la presencia, conectaba con un ejercicio que hice yo una vez con mi tutor cuando estudiaba en la EDTe.  Me decía: Imagínate que puedes ver la habitación en la que estabas cuando eras un niño de 4 años. Puedes ver la puerta. Ahora la puerta se abre y el niño que fuiste está en la cama. Te puedes sentar con él y verlo dormir, quizá estás viendo cómo se despierta … ¿Qué le dirías que sientes que necesita escuchar y que nadie nunca le ha dicho? ¿Qué harías por él en este momento? Yo respondí: Le diría que ser diferente no está mal, pero que, si necesita contar a alguien, puede hacerlo conmigo. Le abrazaría, le daría amor y la seguridad de que como es, está bien y que no tiene que hacer esfuerzo por encajar … Y mi tutor participó ¿Te has dado cuenta de que te convertiste hoy como adulto en la persona que necesitaste tener al lado en ese momento? Fue un momento de cambio profundo a través de esta visualización hermosa y sencilla. Si uno está presente, puede ver el proceso interno que ha hecho, en sanar esas heridas y cómo ha estado trabajando en ello … Estas herramientas de presencia nos ayudan a darnos cuenta del camino que hemos hecho.

PMM: Este niño y esta niña siguen ahí, en nuestro interior. Alrededor de mi cuerpo de cinco años ha crecido este cuerpo. Es importante hablar con ese niño o niña, desde el adulto de hoy y trabajar así también nuestro adulto consciente. Es además muy importante revisitar esos momentos del pasado con un pie aquí, y dejando el otro pie atrás, porque hay riesgo de irnos con los dos pies atrás. Desde la adulta que soy, estoy aquí en un lugar diferente, en un lugar seguro, puedo elegir y tengo herramientas que aquella niña no tenía. Lo que necesita es presencia y, sobre todo, una mirada amorosa. A veces el trauma se produjo cuando éramos muy pequeños y ni siquiera entendíamos esto del lenguaje, pero si una mirada amorosa. Todo nuestro sistema nervioso y personalidad se conforman según cómo me han mirado ¡Es impresionante! ¿Qué llevaba esa mirada que se proyectó sobre mí? La clave, por lo tanto, ahora está en cómo me miro ahora, desde la adulta, para caminar con el trauma y hacer del trauma mi obra de arte. Usamos la metáfora del kintsugi: por las grietas está mi esencia, por mis grietas es por donde puede salir la luz … ¡No hay que esconder las grietas!

Una de las cosas que a mí me bloquearon en el proceso de abrazar mi trauma, ha sido esta idea que a veces tenemos por ahí y que nos dice: tengo que esforzarme más, hacer más terapia, hacer más cursos, hacer más retiros … Esto no va a de esforzarse. Por mucho que nos digamos: esfuérzate, persevera, pon voluntad, así lograrás metas … Pero es que, si mi sistema nervioso está en trauma, entonces ¡no puedo! ¡¡No puedo!! Y esto genera muchísima angustia. Así que la salida está en regularme y abrazarme tal y como soy ahora y quererme mucho. No cuando salga del trauma …  ¡Ahora! ¡¡Ahora!!

LC: Me gustó que hablaras del kintsugi porque formó parte de mi formación en el zen. Su origen se vincula a la taza favorita rota de un emperador que mandó arreglar. Unos artesanos la devolvieron reparada con cemento y unos hierros que la mantenían. El emperador decidió desecharla porque había perdido la belleza. Pero un monje decidió llevársela, retirar las grapas y disolver el cemento para, mezclando polvo de oro con una resina vegetal, aplicarla y crear eso que parece una especie de rayos o destellos que cruzan la reconstrucción de la taza. Y esta solución se convirtió en un arte que los monjes enseñaban como una forma de reconocer que hay cosas que son más bellas cuando imperfectas. De esto es de lo que habla el wabi sabi. Al escucharte hablar, además conecté con el wu wei, que es un concepto que viene del taoísmo y que nos habla de la acción sin esfuerzo. Y así pensaba yo en esto de fluir con el proceso de sanación que mencionabas, en escribir y crear desde la inspiración y no desde la imposición, en hacer presencia en la manera en la que vas aprendiendo y transitar el proceso sin ansiedad, en el autocuidado sin culpa, en resolver conflictos sin lucha, en todo eso que se enseña en la EDTe y que es wu wei. Enormemente poderoso y con la potencia del agua.

Me gustaría que volviéramos a encontrarnos e ir hablando de este proceso amoroso, de avanzar, de ir disolviendo con presencia y comprensión … Cuento la audiencia que vamos a dar un curso sobre trauma un taller de medio día donde vamos a hablar con otros profesionales del trauma, desde la mirada transpersonal. Aquí les dejamos el enlace:

Caminos hacia la sanación: «Una Visión Transpersonal del Trauma»

PMM: Serán 5 horas en las que habrá diálogo de este tipo, muy vivencial, pero, sobre todo, ejercicios y dinámicas para que cada persona pueda indagar en su propio trauma y desplegar esta mirada de ternura, de comprensión y de mucha presencia, para abrazar todo lo que somos, porque, como dice Enrique Martínez Lozano, esto no va de ser perfectos, sino completos.

LC: ¡Me encantó! ¡Ha sido hermoso!

PMM: ¡Será un regalo! ¡Un abrazo muy grande!

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